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DOMINGO: RELATOS, CUENTOS Y POESÍA

24 Jul

COSECHA PROPIA

CUENTOS Y RELATOS HECHOS POR NOSOTRAS

EL POZO DE DIOS (CUENTO)

            En un pueblo pequeño, sobre un gran monte y apartado de otros pueblos, Vivian unas veinte familias. Unos eran campesinos, otros tenían algo de ganado. Era un pueblo que casi nunca pasaba nada, ni llegaba nadie.

            Un día llegó una familia con dos hijos, iban en un carrito tirado por un burrito que casi no podía, se le veía cansado. Algunas personas salieron para ver a los visitantes.

            -De donde vienen- preguntó el farmacéutico.

            -Llevamos tres días por carreteras. Nos hemos perdido y no sabemos donde estamos- contestó el padre.

            -Este es el pueblo de Santo Tomás. Pasad a la taberna y tomareis algo, pues vemos que estáis necesitándolo.

            Dejaron el borrico en un pequeño establo y entraron en la taberna. Las dueña les sirvió un poco de sopa, pan y queso. Aquello les sentó de maravilla. Al terminar les dijeron que no había sitio para dormir, pero que en el establo había paja limpia y si querían podían dormir allá. Pasaron una noche tranquila y descansaron, después de tres días de no poder dormir bien.

            A la mañana siguiente fueron a ver al burrito, que estaba cerca de ellos. Vieron que estaba mal. Había un veterinario y medio médico que fue a verlo.

            -Yo lo veo muy mal. No creo que salga de esta- dijo después de la revisión. Le hizo unas friegas en la barriga y le dio una pastilla.

            Esta situación les puso muy tristes. El alcalde les dijo que podían quedarse el tiempo que quisieran. La familia estaba agradecida. No tenían casi dinero, pero trabajarían para pagar lo que habían hecho por ellos.

            Al día siguiente al levantarse el padre fue a ver al burrito. Se había muerto durante la noche. Se quedó sin decir nada. Estaba preocupado. ¿Cómo regresarían a casa? Fue a buscar agua al pozo para que se lavara su familia. Estaba muy triste. Tiró el cubo con cuidado dentro del pozo y lo subía vacío. Cuando lo tuvo arriba vio que no había agua. Miró si había algún agujero, pero vio unas monedas. Se quedó con la boca abierta. Sacó las monedas, se las guardó en el bolsillo y volvió a tirar el cubo. Entonces sí que llegó lleno de agua. Fue al establo y se lo contó a su mujer.

            -Eso es un milagro! Este pozo es de Dios.- dijo ella maravillada.

            El padre fue a buscar al alcalde. Le pidió poder hablar con el sacerdote y si sabía si en el pueblo había una persona que quisiera vender un burrito o un caballo para poder marcharse a su casa lo antes posible. El alcalde le dijo donde vivía el sacerdote y miraría esto del burro. Había un payés del pueblo que tenia dos y quizá le vendería uno.

            Después fue a la pequeña casa donde vivía el cura del pueblo. Lo recibió con mucha amabilidad. José, que así se llamaba el padre, le explicó al cura lo que le había pasado en el pozo. Vio que este sonreía.

            -Esto pasó hace tiempo a un joven que pasó por aquí el pueblo y no tenía nada. Siempre que alguien se ha encontrado con un gran problema ha ido al pozo y le han salido las monedas que necesitaba. Pero una vez una persona se pasó todo el día sacando agua, pero no sacó ninguna moneda, pues no estaba necesitado.

            Por la mañana José fue a ver al señor que tenía los burritos. Estuvieron hablando y le dijo que le vendería el más grande, pues el obro lo necesitaba para el campo y llevar las mercancías al pueblo vecino. Se pusieron de acuerdo con el precio. Se llevó al burro al establo donde su mujer y sus hijos le esperaban. Se pusieron muy contentos. Ya podían marcharse. Se marcharía al día siguiente.

            José se despidió de los dueños de la taberna dándoles una pequeña cantidad de monedas para pagar la comida y el alojamiento de estos días. Todos los vecinos fueron a despedirlos.

            -Muchas gracias amigos. Nunca olvidaremos lo que habéis hecho por nosotros.

Tenéis un don en este pueblo. Mi mujer dice que el pozo es de Dios. Cuidad de él con amor y cariño. Sois afortunados.

            Se despidieron y se marcharon con un plano que les habían dibujado para que no se perdieran.

            Este pozo ayudaba a todos los que lo necesitaban de verdad. El que era avaro y ambicioso solo sacaba agua, por muchas veces que tirara el cubo, monedas ni una. Sólo sabían monedas a personas que lo necesitaran y lo justo para salir del paso.

ROSA PUIG (85 años)

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Publicado por en julio 24, 2011 en COSECHA PROPIA

 

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