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¿QUIÉN MUEVE EL MUNDO?

23 Ago

HISTORIA DE UN SUEÑO ROTO

En España estamos acostumbrados a oír la noticia de pateras que naufragan en el estrecho y ver imágenes de hombres, mujeres y niños siendo rescatados después de pasar una odisea de hambre y frio. Hay otro país europeo que vive una historia similar y es Italia.

El lunes nos enteramos de la historia de un naufragio que una vez más acabó con la vida de personas que esperaban alcanzar una vida mejor. Uno de esos náufragos tenía un nombre familiar, la somalí Samia Yusuf Omar, una joven atleta de 21 años  que participó en los Juegos Olímpicos de Pekín en el 2008. La gente recuerda su participación en la carrera de los 200 metros, donde llegó la última. Su esfuerzo y su espíritu olímpico causaron la empatía del público y de la prensa.

“Ha sido una experiencia bellísima, he portado la bandera de mi país, he desfilado con miles de atletas del mundo”, estas fueron sus palabras al volver a casa. Continuó entrenando duro en el destartalado estadio olímpico de la capital somalí para poder volver a participar en unos Juegos Olímpicos.

Nadie notó su ausencia en Londres 2012. Fue su compatriota Abdi Bile, medalla de oro en los 1.500 metros en el Mundial de atletismo de Roma, en 1987, quién contó  a la prensa durante una reunión del Comité Olímpico Nacional de Somalia el fatal destino de la joven.

Los medios de comunicación italianos se han hecho eco de las declaraciones de compatriotas somalíes, que aseguran que la atleta se embarcó en Libia con dirección a Italia buscando una nueva vida, lejos de la guerra y la precariedad.

El entrenador de Sami, Mustafa Abdelaziz, confirmó al «Corriere della Sera» que la atleta se embarcó este verano en una patera para intentar llegar a Italia y seguir su carrera deportiva ante la falta de fondos de su país. Su madre vendió un pequeño terreno para financiar su viaje.

Samia nació en 1991. Era la mayor de seis hermanos, hija de una vendedora de frutas viuda a causa de la guerra. En mayo de 2008, Samia se coronó campeona africana de los 100 metros y con solo 17 años, delgada y sin apenas músculo, llegó a Pekín para vivir un sueño. Su lucha no era sólo como atleta, también era  como mujer: “Los somalíes tradicionales creen que las mujeres que practican deporte o a las que les gusta la música están corruptas”, contó en 2008 a la BBC.

Samia quería tener la misma fortuna que el  atleta Mo Farh, también somalí y campeón olímpico bajo la bandera británica de los 5.000 y los 10.000 metros de Londres 2012. No pudo ser y su cuerpo desapareció en el mar. Desde aquí un homenaje a esta valiente joven y a todos aquellos que cada día arriesgan sus vidas para tener una vida digna.

Fuentes: ABC y El País

Montse M.

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Publicado por en agosto 23, 2012 en NOTICIAS

 

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