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SALUD Y BIENESTAR

10 Oct

¿PODEMOS CAMBIAR NUESTRO CARÁCTER?

La respuesta es sí, podemos y debemos hacerlo, para mejorar como personas y hacer que  nuestras vidas sean más fáciles.

En pocos días he oído y leído varias veces esta frase:

                “No puedo cambiar la dirección del viento, pero sí ajustar las velas para llegar a mi destino.”

Estas sabias palabras fueron dichas por el actor estadounidense James Dean. Por desgracia su vida se truncó demasiado pronto en un terrible accidente de coche.

¿Cuál es su significado? Qué las personas somos flexibles y podemos cambiar nuestro carácter y adaptarnos a las diferentes situaciones que la vida nos depare.

Hay dos tipos de personas, las extrovertidas, que se abren fácilmente a los demás y las introvertidas,  que suelen ser tímidas e inseguras.

Ser extrovertido parece ser muy guay, pero los tímidos lo tenemos más complicado y, si queremos mejorar, debemos afrontar una larga batalla para sacar de nuestro interior lo mejor de nosotros y poder mostrarlo al mundo.

Lo confieso, yo soy tímida. Lo he sido siempre y de forma exagerada. Era de esas personas que no abría la boca, hasta tal punto que de pequeña perdí la maravillosa oportunidad de pasármelo superbién con mi prima Chus y su pandilla. Al principio me llevaba con ella, pero me quedaba en un rincón y no decía ni mu. Cuando fui creciendo la cosa no mejoró mucho, incluso una vez me dijeron que era como un mueble, como un objeto de un decorado. Han hecho falta años y esfuerzo para relacionarme con normalidad, aunque todavía me cuesta. Lo que he descubierto durante estos años es que me gusta estar con gente, hablar de los temas más diversos y pasar un buen rato. Es lo mejor de compartir momentos entre amigos, compañeros de estudios y conocidos. Hay que olvidar esa vocecilla molesta que no para de incordiarte diciendo que tu no vales. Hay que respirar hondo y sacar la mejor de las sonrisas. Es muy importante escuchar en un conversación, es un don maravilloso que tenemos los tímidos, pero también es importante conversar y participar de una reunión. Sólo hay que dar un saltito, uno cada vez, por qué, amigos y amigas, la timidez estará siempre con nosotros, así que tendremos que ponerla a un lado para que moleste lo menos posible. Quedar con las personas que te importan, dar el primer paso, dejar de pensar en ti y preocúparte de ellas, de cómo les van las cosas, por qué estás demasiado ensimismado para darte cuenta de que tus amigos también necesitan que les cuides, que les demuestres que te importan y les quieres. Quiérete a ti mismo, piensa cosas buenas de ti, ten buenos pensamientos, ten buenos sentimientos y no hagas caso de lo que las personas puedan pensar de ti. No temas al ridículo, déjate llevar un poco por el instinto y la intuición. Si tropezamos o metemos la pata, tragaremos saliva, nos sacudiremos el orgullo herido y nos volveremos a levantar. La próxima vez nos irá mejor, seguro. Vamos a fluir como un sinuoso rio, con confianza y optimismo.

He aquí unas normas para sacar partido a nuestros puntos fuetes y hacer más pequeñas nuestras debilidades.

Podemos cambiar, primero debemos identificar nuestro defecto. Hay que ser sinceros con nosotros mismos. Lo peor que hay es decir que no podemos cambiar, que somos de esta u otra manera, o que uno es demasiado mayor para mejorar y crecer. Esto es mentira. Podemos mejorar como personas, aunque no será fácil ni ocurre de inmediato, pero podemos hacer pequeños cambios que poco a poco nos llevarán a cambios más grandes.

Otra frase:

                “Mejorar es cambiar, ser perfecto es cambiar a menudo.”

Esto lo decía Winston Churchill.

Si eres una persona muy impulsiva o sueles ser demasiado directo al decir las cosas o sueles herir con tus palabras a los demás, detente unos minutos y piensa en si lo que vas a decir va a causar daños a esa persona y si es importante para ella o para tu ego.

Si, por lo contrario eres una persona a quién le cuesta tomar decisiones o hablar en el momento adecuado, tienes que pensar en que es mejor para ti en ese preciso momento y que es normal equivocarte, algo que te puede pasar tanto si te mueves como si te quedan en stand by.

La genética no determina nuestra forma de ser, pues el entorno, las experiencias y la voluntad repercuten en nuestro día a día. Podemos elegir como comportarnos y ser. Vamos a escoger un rasgo de identidad que nos gustaría adquirir y ponte a trabajarlo, con ayuda de tu cerebro, tu mente y la fuerza de tu voluntad.

Montse M.

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Publicado por en octubre 10, 2012 en SALUD Y BIENESTAR

 

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