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AVANCES MÉDICOS

02 Abr

ARRITMIAS BAJO VIGILANCIA

Dispositivo para medir arritmias

En marzo el Hospital Universitario Vall d’Hebron de Barcelona empezó a utilizar un nuevo dispositivo, aún en estudio, para diagnosticar alteraciones en el corazón y aportar más información sobre su funcionamiento. El aparato se inyecta en el cuerpo a través de una pequeña incisión en el pecho. El jefe del Programa de Arritmias, el doctor Ángel Moya, explicó “el nuevo sistema de monitorización supone un avance para los pacientes porque les permite continuar con su día a día sin interrupciones ni incomodidades, también permite a los médicos disponer de más información sobre el funcionamiento del corazón y, así, diagnosticar posibles arritmias”.
El Reveal LINQ ICM es el aparato de monitorización cardíaca más pequeño disponible para pacientes y se ha usado por primera vez con éxito en 12 hospitales de España, entre ellos Vall d’Hebron. El dispositivo se coloca debajo de la piel, mediante una incisión de un centímetro y en la zona superior izquierda del pecho. Este aparato está indicado para pacientes que hayan experimentado síntomas como mareos, palpitaciones, síncopes y dolor en el pecho que puedan sugerir una arritmia cardíaca; y pacientes con más riesgo de sufrirlas, ya que permite hacer un seguimiento durante unos tres años.
La arritmia es cualquier cambio del ritmo normal del corazón, que puede ir desde latidos muy lentos a aceleraciones muy marcadas que pueden llegar a provocar episodios de pérdida de conocimiento y en algunos pacientes, incluso, un paro cardíaco. Cada año, Vall d’Hebron atiende más de 2.500 personas con arritmias y realiza más de 200 intervenciones con catéter.

EL MARCAPASOS MÁS PEQUEÑO

Marcapasos mini

El Hospital Clínic ha implantado el marcapasos más pequeño del mundo, el dispositivo Micra de 24mm, a 4 pacientes como parte de un ensayo clínico en el que participan 10 centros del mundo y 60 pacientes. Con anterioridad se implantó en el Hospital Infanta Cristina de Badajoz y en el hospital de La Paz de Madrid.
Con una medida de 24 mm, similar al tamaño de una moneda de un euro, el dispositivo Micra fabricado por la empresa de tecnología médica Medtronic es el marcapasos más pequeño del mundo. Un total de 10 centros en todo el mundo participan en un ensayo clínico global en su primera fase con 60 pacientes para probar este sistema tecnológico innovador, una cápsula que no requiere cables ni batería subcutánea y que tampoco requiere pasar por el quirófano por ser implantado. Se implanta en el corazón vía catéter a través de la vena femoral, en 30 minutos y reduce el riesgo de infecciones futuras. Una vez colocado, el marcapasos queda enganchado y puede recolocarse si es necesario. Gracias a su reducido tamaño y al sistema de fijación permite una mayor estabilidad y evita el daño del tejido cardiaco. La batería del dispositivo puede llegar a durar unos 10 años. El único riesgo es que el marcapasos no quede enganchado adecuadamente, pero entonces iría a parar al pulmón derecho y se podría extraer fácilmente.
En su segunda fase se extenderá a 300 pacientes y en lugar de 10 centros serán unos 39 los que podrán practicar este método. Los pacientes que se podrán beneficiar de este nuevo procedimiento son aquellos que no necesiten el marcapasos de manera continuada sino que lo puedan necesitar de forma preventiva. Se calcula que hasta dentro de dos o tres años no podrá comenzar a comercializarse.

LOS PUNTOS DÉBILES DE LAS CÉLULAS CANCEROSAS

JMassague_memorial_big

El doctor Joan Massagué

La metástasis, el proceso que permite que células cancerosas se desvinculen de su tumor de origen y echen raíces lejos, es la causa más común de fallecimiento en personas con cáncer. Sin embargo, la mayoría de estas células tumorales mueren antes de llegar a su destino -sobre todo si se trata del cerebro- y no tienen tiempo para crear nuevos tumores. Un equipo encabezado por el catalán Joan Massagué, director del Memorial Sloan Kettering de Nueva York, ha identificado este mecanismo de muerte (o supervivencia) celular.
El estudio, publicado en la revista Cell, ha identificado los genes y las proteínas que controlan la supervivencia en el cerebro de las células procedentes de los cánceres de mama y pulmón. Los tumores cerebrales metastásicos ocurren en varios tipos de cáncer y se estima que son 10 veces más comunes que los cánceres primarios, aunque se desconocía cómo se desarrollaban. Massagué y su equipo, con Manuel Vicente como primer firmante, comenzaron a abordar el reto hace cuatro años.
Los científicos partían de la constatación de que el cerebro está mejor protegido que la mayoría de los órganos ante la colonización tumoral (para entrar en él, una célula debe cruzar una barrera defensiva llamada hematoencefálica). Experimentos con ratones revelaron que menos de una de cada mil células tumorales logran completar el viaje. «No sabíamos por qué muchas morían y qué las mataba», dice Massagué. «¿Y qué hacía que las que sobrevivían al proceso, a veces escondidas años en el cerebro, renacieran y crearan nuevos tumores?»
Para responder a esas preguntas, los investigadores llevaron a cabo experimentos en modelos de ratón con cáncer de mama y pulmón, dos tumores que a menudo se diseminan en el cerebro. La investigación reveló que muchas células cancerosas que entran en el cerebro mueren a manos de astrocitos -el tipo más común de células del cerebro-, que secretan una proteína conocida como Fas ligand. Cuando las células cancerosas se encuentran con esa proteína, se les activa un programa de autodestrucción. Por el contrario, las células cancerosas que excepcionalmente escapan a la muerte lo hacen mediante la producción de otra proteína, llamada serpina, que actúa como una especie de antídoto. Las células supervivientes tienden a crecer en la parte superior de los capilares sanguíneos y si una de ellas se separa, es asesinada por los astrocitos, pero si permanece allí, se refuerza y se reproduce. También han observado que las células tumorales son capaces de crear una proteína que actúa como una especie de velcro para poder fijase a la pared exterior del vaso sanguíneo.
Los resultados podrían conducir al desarrollo de nuevas terapias que funcionarían mediante el fortalecimiento de los obstáculos naturales ahora descifrados, concluye Massagué.

OPERACIÓN PIONERA A UNA EMBARAZADA

La familia junto al equipo médico

Catalina, una joven de 28 años con una cardiopatía congénita grave ha conseguido ser madre gracias a una intervención pionera, realizada en la vigésima segunda semana de gestación, implantándole una prótesis aórtica biológica dentro de la prótesis que ya llevaba y que falló a causa del sobreesfuerzo que supone el embarazo.
La intervención se ha llevado a cabo en el Hospital Vall d’Hebron y es la primera vez que se practica a una mujer embarazada, a la que se ha introducido un catéter por una de las arterias femorales, pues la intervención quirúrgica suponía un alto riesgo para el bebé, que nació sano a las 37 semanas. “No dudé ni un momento de la operación porque tenía muchas ganas de tener al peque y la sensación de que saldría bien”, ha afirmado la feliz mamá que tendrá que volver a operarse para que le implanten una prótesis mecánica definitiva.
El embarazo era de alto riesgo porque Catalina ya había sido operada dos veces, cuando tenía 12 meses de vida y la segunda, a los 22 años, cuando le colocaron una prótesis biológica de bovino, que debía reemplazarse pasados unos años. Cuando Catalina se quedó en estado la prótesis ya estaba disfuncional, pero con el embarazo dejó de funcionar del todo e ingresó en el hospital a los cinco meses con una insuficiencia cardíaca. El aborto y una operación a corazón abierto quedaron descartadas. Entonces optaron por realizar esta técnica innovadora, que recibe el nombre de valve in valve, destinada especialmente a personas mayores y deportistas y que, desde 2007, se ha realizado a 136 personas en Cataluña. Es un método mínimamente invasivo que se implanta mediante un tubo comprimido, que entra por la arteria aorta, que riega la sangre hacia todo el cuerpo, hasta el ventrículo izquierdo del corazón, donde se expande. Tras el éxito de la operación, y a las 37 semanas de embarazo nacía el pequeño Otto por medio una cesárea.
Los doctores han coincidido en que este método, más caro que una operación convencional, se irá imponiendo a medida que se compruebe su efectividad. El 85% de las personas con cardiopatías congénitas llegan a la edad adulta y la mayoría afectan a mujeres en edad de procrear.
Montse M.

 

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Publicado por en abril 2, 2014 en NOTICIAS, SALUD Y BIENESTAR

 

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