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100 AÑOS DE LA PRIMERA GRAN GUERRA

25 Ago

REVOLUCIÓN Y DICTADURA EN RUSIA, UN PRECIO DEMASIADO GRANDE PROVOCADO POR LA GRAN GUERRA

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Hacia el final de la contienda, la situación en la retaguardia rusa era caótica. La escasa industria del país estaba destinada a suplir las necesidades bélicas y, aunque la producción agraria se mantuvo, la utilización del ferrocarril para fines militares impidió la llegada de comestibles a las grandes ciudades. En La Revolución rusa (1891-1924). La tragedia de un pueblo (Edhasa), el historiador Orlando Figes cuenta que a menudo los alimentos «terminaban pudriéndose al lado de las vías férreas a la espera de una locomotora que los llevara a Moscú o Petrogrado».

Ciudadanos rusos

Ciudadanos rusos durante la guerra

Un puñado escaso de patatas, si llegaba a encontrarse, valía 1,20 rublos, cuando antes de la guerra se compraba por 15 kópeks. En los apartamentos urbanos, las clases medias se congelaban porque no podían costearse la leña. Y según la prensa de la época, un arenque en Járkov (actual Ucrania) había sextuplicado su precio desde el inicio de la contienda. Empezó a fraguarse la revolución y no era por la guerra en sí, ni por las derrotas del Ejército rudo, la verdadera causa de que la gente del pueblo se alzara contra el poder establecido, fue en hambre y la carestía de los alimentos como resultados de la contienda.

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El Zar Nicolás II y su familia

Así, el 23 de febrero de 1917, con ocasión del Día Internacional de la Mujer, las obreras de las fábricas textiles de Petrogrado (San Petersburgo), donde entonces se ubicaba la capital imperial, se echaron a las calles gritando «¡No más hambre!», «Pan para los trabajadores», «Abajo la guerra». Las protestas se alargaron durante varias jornadas, impidieron el reclutamiento de nuevos soldados para marchar al frente -las levas estaban previstas para el día 27- y acabaron desembocando en la abdicación del zar Nicolás II. Este primer movimiento obrero fue la revolución de febrero.

febrero aquii

Revolución de Febrero

No había marcha atrás. El 3 de abril, Vladímir Ilich Uliánov, que adoptó el seudónimo de Lenin, llegó a la estación de Petrogrado procedente del exilio en Suiza y, ya en el mismo andén, aclamado por una multitud que empezó a entonar La Marsellesa, planteó al Gobierno provisional la propuesta de los revolucionarios. Apenas necesitó tres frases: «La gente necesita paz. La gente necesita pan y tierra. Y solo les habéis dado guerra y hambre, mientras la tierra sigue en manos de los terratenientes».

Lenin

El tren que transportó a Lenin, especial y sellado, había sido pagado por los alemanes; sí, los mismos alemanes con quienes la potencia eslava guerreaba por defender a Serbia, su principal aliada en los Balcanes. Los alemanes pretendían desestabilizar al enemigo ruso radicalizando la insurrección en ciernes. El premier Winston Churchill llegó a escribir que, financiando el traslado de Lenin, los agentes del káiser habían dirigido hacia Rusia «la más letal de todas las armas» «como el bacilo de la peste». Con este levantamiento todo el establishment europeo temblaba por el fervor revolucionario que se respiraba.

El Reich no titubeó un segundo en prestar ayuda económica a los bolcheviques para lograr su retirada del frente, como así fue. En marzo de 1918, Rusia y Alemania firmaron un armisticio bilateral en la ciudad fronteriza de Brest-Litovsk (actual Bielorrusia), en virtud del cual los rusos renunciaban a una enorme tajada de sus posesiones (Ucrania, Polonia, Finlandia, Estonia y Lituania), la mitad de su industria y casi un tercio de sus tierras de labor. Trotsky la consideró una «paz humillante», pero dió pie a los bolcheviques para consolidar la revolución en casa y encarar  la guerra civil contra el Ejército blanco, formado por oficiales zaristas y cosacos. (Hacia 1940, tras el estallido de la segunda guerra mundial, la Unión Soviética ya habría recuperado todo lo perdido en Brest-Litovsk).

Hambre en Rusia

La hambruna de los primeros años sovieticos

La Gran Guerra y la posterior contienda civil, en la que los antiguos aliados europeos apoyaron a los rusos blancos, dejaron exhausto al joven país de los sóviets. Rusia tenía frío, estaba aún más hambrienta que antes (terrible fue la hambruna de los años 20 que llevó a una parte de la población, a practicar canivalismo) y harta de que se requisaran tierra y bienes. Las protestas fueron sofocadas con una mano dura y fue a peor tras la muerte de Lenin el 21 de enero de 1924.

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Una vez se hizo con el poder, su sucesor, Iósif Stalin, se afianzó en el trono rojo mediante despiadadas políticas de industrialización, la colectivización forzosa de la tierra y la inmensa red de campos de «trabajo correctivo» conocida como gulag. Se calcula que solo durante la gran purga estalinista, la yezhóvshina (1937-38), más de un millón de personas fueron ejecutadas o bien perdieron la vida en los campos de hielo. La libertad que el pueblo ruso pensaba conseguir tras la ejecución de la familia del Zar el 18 de julio de 1918, se convirtió en una opresiva dictadura.

Montse M.

Fuente: elperiodico.com. El precio del hambre. Artículo de Olga Merino.

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Publicado por en agosto 25, 2014 en ESPECIALES, NOTICIAS

 

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