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¿QUIÉN MUEVE EL MUNDO?

09 Dic

UN HOMBRE JUSTO

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El domingo 6 mientras leía el Periódico de Catalunya me topé con la triste noticia de la muerte de José María Mendiluce, un buen político que luchó contra la injusticia. Murió el 28 de noviembre y ni me había enterado. Me sorprendió su temprana muerte con sólo 64 años, debido a una enfermedad degenerativa ósea que hizo su vida, en los últimos tiempos, muy dura.

De padres vascos, aunque nació en Madrid, se sentía donostiarra. Estudió Ciencias Económicas y Políticas en la Universidad Complutense de Madrid. Era un hombre inteligente, atractivo, con un gran carisma y tenía madera de líder. Su gran pasión era colaborar para hacer un mundo mejor, denunciando las injusticias. Durante 10 años trabajó para el Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados (ACNUR) en Namibia, Angola, Nicaragua y los Balcanes, fue eurodiputado, presidente de Greenpeace y candidato a la alcaldía de Madrid. Además de dedicarse a la política colaboraba como articulista en EL PERIÓDICO y en ‘El País’ y escribió siete libros, siendo finalista del premio Planeta 1998 con ‘Pura Vida’. El dinero del premio lo dio para fines medioambientales. Sus otros libros son: ‘Con rabia y esperanza’, de 1997, ‘Tiempo de rebeldes’ (1998), ‘El amor armado’ (1999), ‘Luanda, 1936’ (2001), y ‘La sonrisa de Ariadna’ (2005).

Como máximo representante de ACNUR en la ex-Yugoslavia, como mediador humanitario y denunciando los crímenes de guerra, vivió una horrible experiencia. El 10 de abril de 1992 regresaba a Sarajevo desde Belgrado, cuando la ciudad fronteriza de Zvornik, con la mayoría de población musulmana, había caído bajo dominio de los Tigres, grupo paramilitar dirigido por Zeljko Raznatovic, alias ‘Arkan’, y fue, sin quererlo, testigo directo de la ‘limpieza étnica’. Fue detenido durante dos horas y pudo ver como los paramilitares sacaban cuerpos de niños, mujeres y ancianos de sus casas y los cargaban en camiones. Llegó a contar cinco camiones llenos de cadáveres. Aquel día pudo haber muerto.

En 1994 fue elegido eurodiputado independiente del PSOE y junto a otros dos eurodiputados, el socialista francés Bernard Kouchner y el ‘verde’ alemán Daniel Cohn-Bendit emprendió una campaña para, al amparo del “derecho de injerencia humanitaria”, entonces muy incipiente en la doctrina internacional, exigir una intervención militar en Bosnia.
El 11 de julio de 1995 cayó Srebrenica a manos de las fuerzas serbobosnias comandadas por el general Ratko Mladic y se produjo la peor matanza en suelo europeo desde la segunda guerra mundial con el asesinato de más de 8.000 hombres y adolescentes bosníomusulmanes, ante unos impotentes cascos azules de la ONU encargados de proteger el enclave.

El 26 de junio de 1995, Mendiluce encabezó, junto con Kouchner, una manifestación contra la guerra de Bosnia, bajo el lema ‘Europa renace o muere en Sarajevo’, en la ciudad francesa de Cannes, donde se celebraba una cumbre de la Unión Europea (UE). Mendiluce llegó allí junto a casi 300 personas en cinco autocares que partieron de Barcelona tras un acto multitudinario por Bosnia celebrado en la plaza de Catalunya. En el evento participaron personalidades de diferentes sectores, especialmente del mundo de la cultura y las oenegés, que prestaron su apoyo a la iniciativa gracias a Mendiluce.

El acto, al que asistieron miles de personas, se llevó a cabo con la ayuda del Ayuntamiento de Barcelona y el trabajo incansable de voluntarios de asociaciones, periodistas vinculados a los Balcanes y ciudadanos a título personal. Catalunya se volcó con Bosnia. La solidaridad se canalizó, en muchos casos, a través de decenas de ayuntamientos.
Esta fue la semilla de la plataforma de oenegés y ciudadanos Europa x Bosnia, impulsada por Mendiluce con el apoyo de numerosas personas e instituciones como la Generalitat de Catalunya, que permitió abrir el corredor humanitario Europa x Bosnia-Catalunya x Bosnia. En el país balcánico aún le recuerdan y le consideran «un gran amigo».

El 16 de octubre de 1995 fue reconocido con el premio Carmen García Bloise, en su primera edición, por su trabajo en la antigua Yugoslavia. También fue premiado con la Creu de Sant Jordi en 1996 dada su gran relación con Catalunya, como reconocimiento a su labor.

Durante el tiempo que permaneció como eurodiputado fue miembro de la Comisión de Cultura, Juventud, Educación, Medios de Comunicación y Deporte; suplente de la Comisión de Asuntos Exteriores, Derechos Humanos, Seguridad Común y Política de Defensa; miembro en la Asamblea Parlamentaria Paritaria del Convenio concertado entre los Estados de África, del Caribe y del Pacífico y la UE (ACP-UE); y suplente en la Comisión Parlamentaria Mixta, UE-República Checa.

Fue uno de los primeros políticos españoles en reconocer públicamente su homosexualidad en una entrevista aparecida el 2 de enero del 2003 en la revista ‘Zero’.

En un mundo donde la política sufre una gran crisis ética, moral y humanitaria, es una gran pérdida su prematura muerte. Hacen falta políticos como él, hombres que hagan de su trabajo una misión de justicia y equilibrio social. El mundo sería mucho mejor si todos los políticos fueran hombres justos, como él lo era.

Fuente: elperiodico.com

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Publicado por en diciembre 9, 2015 en NOTICIAS

 

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