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EL EXPERIMENTO DE MILGRAM (PRIMERA PARTE)

27 Sep

Hace un mes se estrenó en los cines Experimenter: La historia de Stanley Milgram. Hablando con mi primo Pepe sobre la película y el comportamiento humano, pensamos que sería interesante realizar varios artículos sobre el tema. Le dije que sí y se lo comenté a mi amiga Loli, que estudia psicología. Le encantó la idea y desde hoy colaborará en el blog con un nuevo apartado sobre psicología y comportamiento humano. ¡Bienvenida!

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Abrimos este nuevo espacio intentado dar respuesta al “por qué” somos como somos desde el punto de vista de la Psicología y sus muchas dimensiones.

La Psicología no siempre ha tenido el mismo status, de hecho, no era considerada una ciencia, ¿cómo podía serlo? teorizando sobre cuestiones que no podían verse, tocarse o cuantificarse.  Fue el método científico, el que permitió integrar esta disciplina en el grupo de las Ciencias. No entraremos a detallar toda la historia que acompaña a esta disciplina de origen filosófico[i], pero si a descubrir cómo se han buscado respuestas, a través de la experimentación, a preguntas sobre la naturaleza y comportamiento humanos.

Desgraciadamente, la historia nos proporciona un amplio abanico de acontecimientos, ejecutados por y contra la humanidad, que hace plantearnos nuestra propia naturaleza: ¿somos buenos y la sociedad nos hace malos? o por el contrario ¿somos malos y es la sociedad la que nos lleva por el buen camino?

Los medios de comunicación nos bombardean constantemente con situaciones como la de Siria, un ejemplo que nos obliga a preguntarnos sobre la motivación de un Presidente como Bashar Al-Asad de masacrar a su propio pueblo. ¿Cómo es posible ordenar el bombardeo de una población en la que se sabe a ciencia cierta, morirán civiles? O más concretamente, ¿cómo un soldado es capaz de lanzar desde un helicóptero un cilindro de cloro a una localidad como Saraqeb[ii] en la que hay civiles?, civiles de su propio país. ¿Obedecer a la autoridad está por encima del sentido moral?

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Estas preguntas nos llevan a considerar el concepto de la “obediencia a la autoridad” y que trataremos en esta primera entrega a través del Experimento de Milgram.

En un primer momento y quizás asumiendo el carácter humano de nuestra especie, se intentó demostrar el hecho de que alguien que obedecía órdenes que implicaban la tortura o el asesinato de otras personas, tenía una personalidad anormal, desviada. El Holocausto ¿podía entonces entenderse porque los alemanes poseían una personalidad anormal? ¿Y Bashar Al-Asad y su ejército?

Standley Milgram, psicólogo neoyorkino, quiso ir más allá, planteando algo tan impactante como que cualquiera de nosotros podemos estar sometidos, con poca o nula resistencia, a los criterios de una autoridad.  Surgió el Experimento de Milgram.

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Entre 1961 y 1962 más de 1000 personas de diferentes profesiones y nivel cultural fueron captadas para participar en este experimento que pretendía dar respuesta a la obediencia a la autoridad.

Ninguno de los participantes conocía la naturaleza real del experimento, de hecho, a través del anuncio en un diario local, se ofrecía una pequeña compensación económica por participar en un experimento sobre la memoria y el aprendizaje y que iba a tener lugar en la Universidad de Yale.

El día acordado, el sujeto acudía al lugar citado y se encontraba con dos personas: otro supuesto participante y el experimentador.  En realidad, ambos formaban parte del equipo de experimentación.

Quien hacía de experimentador, explicaba que estaban intentando desarrollar teorías sobre el aprendizaje, como que se aprende mejor cuando se castigan los errores. Se les explicaba que querían comprobar cuál era la cantidad de castigo mejor para el aprendizaje y si aspectos diferenciales de quien aplicaba el castigo podían o no influir en el mismo.

Concluía su explicación diciendo que para ello iban a asignar por sorteo el papel de profesor y aprendiz para iniciar el experimento. Lógicamente esta asignación estaba trucada y el sujeto siempre tenía asignado el papel de profesor, en definitiva, el único sujeto de estudio era quien asumía el rol de profesor.

Una vez hecha la “asignación”, los tres sujetos (experimentador, profesor y aprendiz) iban a una habitación donde se le pedía al “profesor” que preparara al “aprendiz”. Dicha preparación consistía en que el “profesor” debía atar al “aprendiz” a una silla y colocarle unos electrodos en las muñecas. La explicación que se daba al hecho de atar al sujeto era que así, se evitaba que este se moviera al recibir las descargas eléctricas.

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Como habéis podido imaginar, se trataba de aplicar descargas eléctricas cada vez que el falso aprendiz se equivocaba y quien debía aplicar las descargas era el verdadero sujeto a estudio.

Siguiendo con la interpretación del falso experimento, se llevaba al “profesor” a otra dependencia, en la que había un aparato de 30 botones con pilotos de color rojo, cada uno de ellos con un voltaje señalizado y con una etiqueta explicativa (descarga ligera, moderada, fuerte, muy fuerte, intensa, extremadamente intensa y severa) y que iban de los 15 a los 450 voltios (15, 30, 45, 60…450). Para acabar de rematar el engaño, se le aplicaba al “profesor” una descarga pulsando el botón de los 45 voltios, que era la única real, para que éste comprobara el funcionamiento. Mientras tanto, el falso “aprendiz” se mostraba preocupado para hacer más real su papel.

El Experimentador, una vez aplicada la descarga de prueba, le explicaba al “profesor” el procedimiento a seguir: Debía leerle al aprendiz una serie de palabras emparejadas (p.e: Día Azul, Perro Peludo, Agua Sucia…) para después leerle una palabra y preguntarle, entre cuatro opciones, cuál era la primera palabra a emparejar (Por ejemplo, le diría Día y las opciones serán feo, tormentoso, lluvioso y azul. La respuesta correcta sería Azul). Cada vez que el sujeto se equivoca, el profesor debía aplicar una descarga eléctrica: primer error- descarga de 15 voltios, segundo error- descarga de 30 voltios y así hasta el máximo de descarga.

Otra premisa importante a seguir, era que en ningún momento podía detenerse el experimento, por lo que, si el falso aprendiz no quería seguir, el maestro debía responder siguiendo cuatro fases:

  • Por favor, continúe.
  • El experimento requiere que usted continúe
  • Es absolutamente necesario que usted continúe.
  • No tiene otra opción, debe continuar.

Si el profesor planteaba al Experimentador si los voltajes podían ocasionar heridas, se le decía que no causaban daños permanentes en los tejidos, y si, por el contrario, planteaba qué hacer cuando el aprendiz quería dejarlo, se le decía que tanto si quería como si no, él debía seguir con el experimento hasta que se aprendiera todos los pares de palabras correctamente.

Llegados a este punto, ¿Creéis que alguien llegó hasta el final? ¿Qué hubierais hecho vosotros en esa situación?

Es importante daros un detalle fundamental para que podáis entender los resultados que comentaremos a continuación, y es que el profesor no tenía ningún tipo de contacto con el falso aprendiz, tan solo sabía si la respuesta era correcta o no, a través de cuatro luces que estaban asignadas a las posibles respuestas. No hace falta que os diga, que el falso aprendiz casualmente fallaba las respuestas, poniendo al profesor en el dilema moral de tener que aplicar el máximo castigo de 450 voltios.

Los resultados fueron sorprendentes, ya que contradecían el hecho de que personas “anormales” fueran las únicas capaces de una sumisión destructiva….  la obediencia fue del 100%. Todos los participantes habían llegado a aplicar el máximo voltaje.

Se llegó a la conclusión de que la ausencia de retroalimentación con la victima daba lugar a una obediencia absoluta. Si no se veía o escuchaba a la víctima, se evitaba tener información sobre el sufrimiento de la misma y por lo tanto, escudados en el cumplimiento del deber, el conflicto moral quedaba relegado. ¿Os acordáis del piloto en Siria?

Semejantes resultados llevaron a Milgram a realizar un segundo experimento, esta vez con retroalimentación de voz. Aunque el profesor seguía sin ver al aprendiz, si podía escucharlo (desde pequeñas quejas, hasta gritos y finalmente, el silencio total). Con esta segunda condición el porcentaje de obediencia fue del 62,5%. Bastante alto, ¿no creéis?

A partir de aquí, se dieron 17 variantes mas de este experimento y que explicaremos en una segunda parte, exponiendo las conclusiones de un estudio que aunque fue muy criticado, no se puede negar que los resultados fueron los que fueron y, más sorprende aún, que replicas posteriores en diferentes partes del mundo dieran resultados similares, entre ellos España (1980). Pero de eso, hablaremos en la próxima entrega.

No seáis tan obedientes…

[i] Dualismo Cuerpo-Mente

[ii] En agosto de 2016, Bashar Al-Asad ordenó el lanzamientos de cilindros de cloro en la localidad de Saraqeb. Extraído de:http://www.elmundo.es/internacional/2016/08/02/57a0d8f6e2704ed2468b4654.html

Loli J.

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Publicado por en septiembre 27, 2016 en PSICOLOGÍA Y COMPORTAMIENTO HUMANO

 

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