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INDEFENCIÓN APRENDIDA

02 Nov

elefante

Situaciones como el maltrato de género y el bullying escolar parecen noticias cada vez más habituales, por lo que cabria preguntarse si ahora hay más casos que nunca o es que quizás los medios quieran concienciar a la sociedad de un grave problema que ha existido siempre, rompiendo con el famoso “ojos que no ven…”. Pero mostrar día a día estos casos, ¿es efectivo? ¿Basta con decir que se denuncie la situación para que estos hechos dejen de producirse? ¿Por qué las victimas siguen conviviendo con sus verdugos?

Voy a hablaros de una teoría muy interesante y que intenta explicar “el porqué” no hacemos nada ante situaciones como las planteadas y en las que sin embargo, parecen existir razones que podrían evitar que las padezcamos: la teoría de la Indefensión Aprendida de Martin Seligman (1975).

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Martin Seligman

Este psicólogo estadounidense afirma que la indefensión aprendida es un estado psicológico que se produce frecuentemente ante acontecimientos que no se pueden controlar y donde el sujeto presenta una pasividad inapropiada y una generalización errónea de estos sucesos a nuevas situaciones. La exposición a hechos aversivos incontrolables, hace que se forme una representación de no contingencia[i] entre el propio comportamiento y la terminación del hecho, por lo que el sujeto, si cree que haga lo que haga “todo” seguirá igual, no hará nada (“es lo que hay”).

Sus conclusiones no fueron el resultado de una actividad meramente intelectual y aviso a mentes sensibles como la mía, que no os va a gustar la manera en la que se llegó a ellas.

Para el estudio de la indefensión aprendida se realizaron experimentos en los que se usaron perros, gatos y ratas. Se agrupó a los sujetos en tres grupos: el grupo escapable (podían evitar la situación), el grupo no escapable (no podrían evitar la situación) y el grupo control (no estaban expuestos a ninguna situación). Por “situación” se utilizaron las descargas eléctricas y que en adelante llamaremos situación aversiva.

El experimento se realizó en dos fases. Durante la primera y a excepción del grupo control, se aplicaron en la misma intensidad y frecuencia, descargas eléctricas que iban precedidas de una señal (se iluminaba una luz), y sólo en el caso del grupo escapable, estos podían parar las descargas si accionaban una palanca. En definitiva, se trataba de una fase en la que se inducía a la indefensión.

Durante la segunda fase y tras “aprender” el resultado de las propias acciones, se aplicaba a los tres grupos descargas eléctricas en la misma frecuencia e intensidad, con el añadido que se les ponía en una jaula que tenía una salida a otra jaula en la que no se producían las descargas.

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Antes de comentaros los resultados, es importante remarcar que durante la primera fase, el grupo no escapable, a pesar de tener una palanca para parar las descargas, cuando la accionaban, las descargas se producían igualmente.

De esta segunda fase y tras “inducir” la indefensión, lo que se quería comprobar era si se producían tareas de evitación (activar la palanca) o tareas de escape (pasar a la otra jaula). Antes de seguir leyendo, intentar pensar en los tres grupos y si sus respuestas pudieron ser las  mismas.

Los resultados fueron sorprendentes, y es que a pesar de que los tres grupos disponían de dos medios para evitar la situación aversiva, el grupo no escapable no usó ninguna, permaneciendo inmóvil y asustado. Los grupos escapable y control mostraron niveles de actuación similares: o bien activaban la palanca o bien pasaban a la otra jaula.

Seligman interpretó, con estos resultados, que la situación aversiva no es en sí misma el motivo de que los sujetos no hagan nada al respecto, sino la propia incapacidad de controlar dichas situaciones y que en este caso, se había aprendido durante la primera fase. Se trataría de la variable “locus de control”.

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Locus de control o Punto de control

El “locus de control” hace referencia a la expectativa de conexión entre nuestras características personales, acciones y resultados experimentados. Estas expectativas pueden ser de tipo interno “he aprobado el examen porque me he esforzado mucho” y de tipo externo “he aprobado el examen por suerte”. Como podéis ver, el locus de control externo considera que las consecuencias de la conducta (en este caso aprobar o no un examen) dependen del azar, la suerte o el destino, es decir, no depende de nosotros.

Sin embargo, y a pesar de lo comentado, algunas personas consiguen “actuar” y buscar la manera en la que la situación aversiva desaparezca.

Se tuvo que reformular la teoría para intentar dar una explicación más razonable a estas “excepciones”, por lo que se tuvo en cuenta una variable fundamental para entender esta pasividad, y que sin ella, la indefensión aprendida no es probable que se produzca: el estilo atribucional.

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El estilo atribucional es una variable cognitiva de la personalidad que explicaría las causas de los sucesos que acontecen. Así, un mismo hecho puede considerar diferentes causas según el estilo atribucional que se dé y que supondría diferentes grados de vulnerabilidad a los déficits de la indefensión (motivacional, cognitivo y emocional). Por lo tanto, los déficits que provoca la indefensión están determinados por la atribución que hacemos de las cosas que nos pasan y que hace que “aprendamos” si podemos cambiar o no una situación.

Entonces, ¿aprendemos a no hacer nada a pesar de tener oportunidades reales para cambiar la situación?. Para responder a esta pregunta, me gustaría que primero vieseis un video de menos de cinco minutos y en el que podréis ver un caso en el que se induce la indefensión a personas, en este caso, estudiantes:

https://www.youtube.com/watch?v=OtB6RTJVqPM

Sorprendente ¿no?. Seguramente os habréis planteado que la indefensión se produce en más ocasiones de la que nos imaginamos, no solo en las más graves y que he mencionado al principio y desde luego, no estáis equivocados. Pero exactamente ¿qué déficits provoca la indefensión aprendida?. Antes los he mencionado de soslayo: motivacional, cognitivo y emocional.

Déficit motivacional.– Actuamos movidos por algún objetivo (búsqueda de placer, ser los mejores, obtener una recompensa, etcétera) y que ante situaciones aversivas, seria buscar el alivio por evitarlas. Pero si a pesar de nuestras acciones, la situación no cambia, nuestra expectativa de “alivio” desaparece y finalmente no respondemos. Nuestra actitud es de pasividad.

Déficit cognitivo o de aprendizaje.– Cuando se aprende, en una situación de incontrolabilidad, que una consecuencia es independiente de la respuesta emitida (nuestra acción), resulta muy difícil aprender lo contrario. Esto provoca, que se crea que los éxitos o fracasos no dependen del propio esfuerzo sino del exterior (disposición cognitiva negativa).

Déficit emocional.– Lógicamente, la experiencia de no controlar la situación produce cambios emocionales dando lugar a  la ansiedad, el miedo o la apatía y que persisten hasta que o bien se afronte la situación y se actúe, o bien se dé por vencido. En el segundo caso, si la situación persiste en el tiempo, el miedo y la ansiedad darían lugar a una depresión.

Pero volvamos al estilo atribucional para conocer mejor el perfil de quienes son más vulnerables a la indefensión.

La atribución se realiza en función de 3 dimensiones:

  • Internalidad-Externalidad. Las causas se justificarían por variables personales o externas como en el caso del examen.
  • Estabilidad-Inestabilidad. Tiene que ver con la variable temporal, de manera que si un hecho se produce puntualmente, sería una atribución inestable.
  • Globalidad-Especificidad. Tendría que ver con el área de afectación de la causa, es decir, sólo nos pegan en el colegio o también en casa. Si las situaciones que provocan la indefensión se da en diferentes áreas, se daría una atribución global.

Dicho esto, veamos un cuadro en el que todas estas variables puedan configurar y diferenciar entre un estado atribucional optimista de uno pesimista:

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Quienes tienen un estilo atribucional negativo, tienen un perfil afectivo peor, mayor probabilidad de sintomatologia depresiva y de padecer la indefensión aprendida. Así ante un hecho positivo, como encontrar trabajo, harían una atribución externa (he tenido suerte) en lugar de valorar sus aptitudes, inestable (seguramente no duraré mucho) y específica (he tenido suerte aquí pero en lo demás…).

Entonces, ante un perfil que se ajusta al estilo atribucional negativo, ¿qué se puede hacer?. Existen diferentes terapias que estarían enfocadas en la eliminación de los efectos que producen la indefensión y que hemos comentado, como mejorar la autoestima, incrementar el estado emocional positivo y modificar las atribuciones realizadas hasta el momento y que niegan la posibilidad de que uno es capaz de controlar su vida. Se trataría, en definitiva, de empoderar a la persona, es decir, hacerlos conscientes de que tiene el “poder” de cambiar las cosas y decidir sobre su futuro en todas sus áreas, respetando y valorando a los demás.

En ese sentido, ante una situación de bullying o maltrato de género, no basta con decir que denuncien la situación, ya hemos visto que no “actuarán”, dado que creen que nada cambiará, es necesario acompañarlos en un largo y difícil camino (pero no imposible) que les permita recobrar la sensación de influencia y poder personal, empezando con lo que está más al alcance para ir reforzando poco a poco la autoestima. Como leí una vez “el primer paso no te lleva a donde quieres ir… pero te saca de donde estás”.

LOLI J.

Bibliografía:

Seligman, M. (1991). Indefensión. Madrid: DEBATE

[i] Contingencia suele referirse a algo que es probable que ocurra.

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Publicado por en noviembre 2, 2016 en PSICOLOGÍA Y COMPORTAMIENTO HUMANO

 

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