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EMOCIÓN FRENTE A RAZÓN

09 Feb

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Las emociones y los sentimientos determinan nuestra conducta de una manera importante: son las responsables de nuestras reacciones espontáneas, de cómo pensamos y de la manera como nos comunicamos con otros. Distorsionan nuestros recuerdos e intervienen de forma determinante en la toma de decisiones y en la manera en la que planificamos nuestro futuro. En ese sentido, ¿cuál es el papel de la razón?.

La razón permite sentir las emociones de manera adecuada y equilibrada, y esta capacidad de gestionar convenientemente los sentimientos, utilizando la razón, es lo que se conoce como inteligencia emocional. Así, el equilibrio emocional supone que lo que pensamos y lo que hacemos vayan en una misma dirección.

Pero hablemos un poco de la emoción para entender su papel en nuestro comportamiento. Debemos diferenciar dos aspectos de la misma: El estado corporal, que sería la expresión física  preconsciente y que comprende diferentes componentes anatómicos, musculo esqueléticos y endocrinos, y el sentimiento, que sería la sensación consciente. El sentimiento es muy importante en el procesamiento cognitivo que se hace de la información (razonamiento, memoria y  toma de decisiones) y en ese sentido, vamos a hablar de una de las teorías de la emoción que intentan explicar la relación entre emoción y la razón: la hipótesis del marcador somático de Antonio Damasio.

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Este neurocientífico escribió en 1994 el libro “El error de Descartes” que trataba del procesamiento neural de las emociones y su incidencia en la toma de decisiones y comportamiento social.  A partir de diferentes casos clínicos en los que se daban alteraciones en la toma de decisiones y desordenes emocionales, obtuvo evidencias clínicas que le llevaron a formular su hipótesis.

Damasio plantea que filogenéticamente[i], el sistema de razonamiento inteligente se ha desarrollado posteriormente al sistema emocional automático, por lo que las emociones desempeñan ciertas funciones en el proceso de razonar, siendo esta participación favorable o perjudicial dependiendo de factores como: las circunstancias y contexto de la decisión, y la historia y experiencias previas de la persona. Por ejemplo, pensemos en el miedo. El miedo sería un buen ejemplo del sistema emocional automático, dado que mantiene al individuo lejos del estimulo que pueda poner en peligro su supervivencia y sin necesidad de la razón.  La razón sin embargo, conseguiría también evitar el peligro, pero de manera consciente (p.e.: “no pongo la mano en el fuego porque me quemo”). Lógicamente y como hemos visto, nuestro estadio evolutivo supone la interacción de ambos sistemas.

La hipótesis del marcador somático, supone que las emociones señalizan ciertos aspectos de una situación o las consecuencias posibles de una manera abierta o encubierta, es decir, que las emociones participarían en la intuición a través de un proceso cognitivo más rápido que el de la razón, pudiendo llegar a una conclusión sin ser conscientes de todos los pasos lógicos intermedios. La calidad de esta intuición, a su vez, está condicionada por los razonamientos anteriores y la clasificación que se ha hecho de los acontecimientos (memoria) a través de la experiencia pasada.

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En ese sentido, si tenemos en cuenta que en nuestro día a día, estamos constantemente tomando decisiones de todo tipo, esta hipótesis lo que plantea, es que ante la existencia de diferentes posibilidades, creamos diferentes representaciones o ensayos mentales de cada una de ellas, y de cada representación, visualizamos las posibles consecuencias, consecuencias que nos evocan una reacción emocional ajustada a ese resultado (agradable o desagradable).  Esta sensación, sería el marcador somático, es decir, un especie de etiqueta corporal. Tras el ensayo mental, tomamos la decisión y del resultado “real” de la misma, se confirmará o no nuestra representación, reforzando o modificando nuestra actuación a través de la experiencia, que quedará almacenada en nuestra memoria.

Así, ante una situación futura similar, el sentimiento nos hará de etiqueta. Eso no significa que el etiquetado sea correcto y como ejemplo, tenemos casos tan limitantes como son las fobias y en las que sin llegar a producirse el estimulo aversivo, la persona manifiesta el estado corporal emocional, que hemos comentado al principio, como: aumento del ritmo cardiaco, sudoración, etcétera.

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De hecho, Damasio diferencia entre las emociones primarias (innatas o heredadas) y las secundarias (adquiridas). Estas últimas serían el fruto de la experiencia, y teniendo en cuenta lo comentado hasta ahora, la oportunidad de que a través de ésta, se puedan modificar “etiquetados” erróneos que en su versión más negativa pueden dar lugar a las fobias y sin llegar a estos extremos, limitar también a la hora de no aventurarse a salir de la zona de confort o interactuar con otras personas.

LOLI J.

BIBLIOGRAFIA:

Simon, V.M. (1997). La participación emocional en la toma de decisiones. Psicothema, 9 (2), 365-376.

[i] Teniendo en cuenta la historia evolutiva del ser humano y concretamente de su cerebro

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