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FAMILIA Y EDUCACION

09 Mar

Últimamente se habla mucho del papel de los padres en el comportamiento de sus hijos, concretamente de la “generación blandita” (os adjunto link de un artículo sobre este tema) <http://www.elmundo.es/papel/todologia/2017/01/11/5874d407268e3e6f3a8b45bc.html> y que sería producto de la hiperprotección.

Sobre este tema y como podéis ver en la infografía que os he colgado, me ha parecido interesante hablar del papel de la familia en la formación de los individuos, y cómo la tipología familiar puede dar lugar a las ventajas y desventajas que se plantean en la misma.

La familia es un escenario de educación interactivo y que evoluciona a lo largo del desarrollo de los sujetos. En ella se adquieren patrones de socialización, es decir, que la socialización empieza, pero no acaba en la misma.

Nuestro desarrollo se produce en entornos de vida donde tienen sentido patrones de actividad, roles e interacciones (familia, colegio, trabajo, etcétera). Cada escenario o entorno de vida, requiere adoptar unos roles y el dominio autónomo de ciertos aspectos de la cultura en la que se está inmerso. Pero esa autonomía debe formarse y la hiperprotección no hace otra cosa que dificultarla, dado que los niños no tendrían la oportunidad de enfrentarse a nuevos retos, tomar decisiones o valorar si una situación es correcta o no.

Dicho esto, podríamos decir que la función de la familia, como escenario interactivo, cumple una serie de objetivos: construir personas adultas; enseñar a afrontar retos, compromisos y responsabilidades; facilitar el encuentro intergeneracional y hacer de red de apoyo social para las diferentes transiciones vitales en las que nos vamos a encontrar durante nuestra existencia.

Los padres deberían asegurar la supervivencia y socialización de sus hijos, aportarles un clima de apoyo y afecto mediante relaciones de afecto y compromiso emocional, así como aportarles la estimulación necesaria que les capacite para interactuar eficazmente con la sociedad.  También deben decidir respecto de la apertura a otros contextos educativos (escuela) mediante acuerdo, para evitar incoherencias y discrepancias. No es que las incoherencias sean negativas, siempre que se gestionen con el niño, pero no parece lógico educar de una manera contradictoria a la ideología o valores que puedan transmitirse en la escuela en los primeros años del desarrollo.

La intensidad de las relaciones interactivas en la familia puede variar según el estilo educativo y que cómo podéis ver en la infografía puede ser de tres tipos: estilo autoritario, estilo permisivo y estilo democrático. Sin duda el estilo democrático es el más idóneo, dado que propicia el equilibrio entre el control de los padres y la autonomía del niño. Además, su alto grado de comunicación favorece el desarrollo tanto intelectual como psicosocial del infante. La calidez y el afecto facilitan que los niños educados con este estilo, sean más sociables.

Lógicamente las ideas que tengan los padres sobre el desarrollo evolutivo de sus hijos y su educación, es un factor importante que afecta al estilo educativo al que van a acogerse. He escuchado muchas veces el tan lamentable “los hijos se crían solos” y que podría encasillarse en el estilo permisivo del que su opuesto seria el autoritario “en esta casa se hace lo que yo diga”, ambos igualmente inapropiados y que tienen en común dos desventajas respecto al desarrollo de los niños: la evitación del conflicto y la inmadurez.

Pero veamos las 4 dimensiones de los estilos educativos y que se reflejan en la infografía: grado de control, ambiente comunicativo, grado de madurez que se exige a los hijos y afecto de la relación.

Grado de control. Sería el grado en el que se ejerce la guía y el control hacia los demás y que depende de:

  • Firmeza y razonamiento. Poner límites, pero aceptando la necesidad de explorar y experimentar, es decir, que se admitiría que el niño pueda cuestionarse las cosas. Los desacuerdos se solventarían con explicaciones, aprobaciones o desaprobaciones.
  • Con comunicación. Compartir el mundo con los hijos y aceptar que en determinados momentos puede haber incomunicación y hostilidad.
  • Control con afecto. Modificar las manifestaciones de amor a lo largo del crecimiento. No podemos tratar a un preadolescente como si todavía fuera un bebé.

Ambiente comunicativo. Sería la capacidad de crear una dinámica en la que puedan explicarse de manera razonada, las normas, decisiones, problemas, etcétera, tanto si son negativas como positivas. En las famosas épocas del “y por qué”, el adulto debe ser capaz de responder a la curiosidad del niño, aunque ello suponga el coste del agotamiento. Reforzar su curiosidad es fundamental para su desarrollo intelectual y ganas de aprender.

Grado de madurez que se exige a los hijos. Son las expectativas que se tienen de ellos y que pueden favorecer las referencias en las zonas de desarrollo, es decir, zonas de desarrollo que no tiene por qué ajustarse a la capacidad del niño. Si estas expectativas son elevadas, se puede generar ansiedad.

Afecto en la relación. Esta dimensión tiene una fuerte influencia sobre las demás dado que se considera como la primigenia y, por lo tanto, estructuradora de las experiencias educativas de la familia.

Dicho esto, ahora podréis comprender mejor la infografía y entender las ventajas y desventajas que supone cada estilo educativo.

LOLI J.

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