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LAS EMOCIONES

21 Mar

 PRIMERA PARTE

El pasado 9 de febrero os hable de la relación entre emoción y razón, mostrando el importante papel de la primera, a pesar de que no siempre se ha considerado así. De hecho, las emociones se relacionaban con nuestra parte más animal y, por lo tanto, como responsables de un comportamiento irracional.

Ya adelantamos, que no es así, dado que las emociones son vitales para tomar decisiones y adaptarnos a nuestro entorno. Se podría decir, que son un tipo de proceso cognitivo, dado que están presentes en otros procesos como la percepción, la memoria, el aprendizaje o el pensamiento.

En ese sentido, profundizaremos un poco más sobre las emociones a lo largo de tres publicaciones. En esta primera, expondré lo que se entiende por emoción, sus principales componentes y clasificaciones según las diferentes perspectivas.

En la segunda publicación, os hablaré de las funciones de la emoción y su relación con otros procesos psicológicos como la toma de decisiones, la creatividad, la atención y la percepción, el aprendizaje, etcétera.

Finalmente, en la tercera publicación, plantearemos un tema muy interesante y que supone la relación entre la emoción y la salud, y en la que hablaremos del estrés y su incidencia en nuestro sistema inmunitario.

¿Qué es una emoción?

Intentar definir la emoción es bastante complicado, dado que existen muchos modelos teóricos y orientaciones que han tratado sobre la misma, y esto supone que cada uno de ellos se haya centrado en las variables que han considerado más relevantes. Esto implica que existen múltiples definiciones y, por lo tanto, una falta de consenso a la hora de establecer una definición general. ¿Cuál sería vuestra definición de emoción?

Kleinginna y Kleinginna (1981) recopilaron 101 definiciones de la emoción estableciendo con ellas once categorías según las variables implicadas y que a continuación os detallo:

  • Categoría afectiva. – Las definiciones que integran esta categoría, dan importancia a los sentimientos y que consideran como las experiencias subjetivas de las emociones, es decir, al sentimiento de agrado-desagrado que se activaría ante un estímulo.
  • Categoría cognitiva. – Esta categoría estaría centrada en la valoración de una situación y su posterior etiquetado, es decir, que estaría centrada en los procesos perceptivos.
  • Categoría basada en los estímulos elicitadores. – Las definiciones señalan que los estímulos exteriores son los que desencadenan las emociones
  • Categoría fisiológica. – Hace hincapié en la dependencia de las emociones de los mecanismos fisiológicos “la experiencia emocional está correlacionada con estados neuroquímicos y factores que controlan estos estados” (Pribam,1980).
  • Categoría emocional/expresiva. – Centrada en las emociones externamente observables, es decir, expresión facial, respiración, entonación de voz, etcétera.
  • Categoría disruptiva. – Pone la atención en los aspectos disfuncionales de la emoción, es decir, en aquellas situaciones en las que “el sujeto no sabe lo que hace”.
  • Categoría adaptativa. – Pone la atención en el papel adaptativo y funcional de las emociones, es decir, que contribuyen en nuestra supervivencia y adaptación al medio.
  • Categoría multidimensional. – Esta categoría engloba un gran número de definiciones y hace hincapié en los diferentes componentes de la emoción: afectivos, cognitivos, fisiológicos y expresivos.
  • Categoría restrictiva. – Esta categoría recoge las definiciones que intentar delimitar la emoción y diferenciarla de otros procesos como, por ejemplo, la motivación.
  • Categoría motivacional. – A diferencia de la categoría anterior, esta plantea que emoción y motivación se superponen y, por lo tanto, las emociones pueden activar sistemas motivacionales. “La emoción es entendida como el principal sistema motivacional” (Izard, 1977).
  • Categoría escéptica. – Esta categoría recoge las definiciones que cuestionan la importancia y valor de la emoción, y que como he comentado al principio, era bastante habitual, dado que la emoción se trataba con tono despectivo.

Como podéis ver, existe una amplia diversidad de definiciones y orientaciones en el estudio de la emoción, aunque actualmente existe una tendencia a reconocerla en su aspecto más multidimensional.

Ahora que habéis visto los diferentes aspectos de la emoción planteadas, ¿mantenéis vuestra definición de emoción o no?

Lo que está claro, de momento, es que debemos considerar la emoción como un fenómeno complejo y multifactorial que incluye, entre otros: la evaluación cognitiva de una situación, los cambios fisiológicos (SNA[i]), las expresiones o conductas visibles (faciales y gestuales), el componente motivacional (intención) y el estado subjetivo-experiencial (aspecto hedónico de la emoción → sentimiento).

Entonces, y teniendo en cuenta esta complejidad, ¿cómo funciona la emoción? Para poder intentar responder a esta pregunta, tendremos que hablar de los componentes de la emoción.

Componentes de la emoción

En 1968, Peter J. Lang planteó el modelo tridimensional de la ansiedad. Este modelo pretendía comprender la ansiedad y los trastornos en los que acaba derivando, un modelo que ha sido aceptado y utilizado posteriormente en muchas investigaciones, y que ha podido ampliarse a cualquier respuesta emocional.

En ese sentido, Lang considera a las emociones como respuestas a estímulos significativos y que se producen en tres sistemas o componentes:

  1. El neurofisiológico-bioquímico
  2. El motor conductual (expresivo)
  3. El cognitivo o experiencial (subjetivo)

Es decir, que para poder entender el funcionamiento de las emociones, se deben considerar estos tres sistemas en su conjunto, dado que si nos basamos en ellos, de manera individualizada, sólo trataríamos una parte de la emoción, y como él mismo comprobó, en su observación de los casos de ansiedad fóbica, es necesario un análisis del triple sistema de respuesta para una mejor comprensión del diagnóstico de los trastornos, en este caso, del estado de ánimo.

Pero veamos cada una de estos sistemas para entender cómo opera la emoción.

El componente fisiológico estaría relacionado con las respuestas psicofisiológicas tanto autonómicas (SNA: actividad eléctrica de la piel, actividad cardiovascular y actividad salival), como somáticas (SNS[ii]: actividad respiratoria y electromiográfica), endocrinas (Sistema Endocrino: segregación adrenalina y endorfinas) y centrales (Sistema nervioso central) que se producen en la reacción emocional. Sobre este sistema, destacar la disciplina de la Psiconeuroinmunología, que analiza la influencia de los fenómenos psicológicos y emocionales en la actividad del sistema inmune, del que hablaremos más adelante.

Estas respuestas fisiológicas que acompañan a las emociones no siempre son percibidas conscientemente por el sujeto, es decir, que no somos capaces de relacionarlas con nuestro estado emocional. Además, son respuestas que no siempre podemos controlar.

El componente conductual o expresivo de la emoción englobaría las conductas externas y observables como pueden ser: las expresiones faciales, los movimientos corporales, las conductas de aproximación-evitación y la conducta verbal (entonación, intensidad, sonidos…).

Este componente está condicionado por nuestra cultura, sociedad y educación, es decir, que nuestra expresión emocional cambia a lo largo de nuestro desarrollo. Pensar en nuestro autocontrol a la hora de adaptarnos a las exigencias que nos imponen las reglas sociales y que cuando somos pequeños, todavía no tenemos del todo desarrollado.

Finalmente, el componente cognitivo-experiencial recoge dos aspectos muy importantes de la emoción: el componente experiencial y el cognitivo. El primero, está relacionado con las vivencias afectivas, el sentir y experimentar las emociones, es decir, con nuestra categorización de agradable o desagradable y que puede variar en intensidad dependiendo de muchos factores.

El componente cognitivo hace referencia a cómo valoramos la situación y a su etiquetado verbal, si somos conscientes de ello. Por ejemplo “soy feliz”, “me siento mal”…

El componente cognitivo-experiencial, a diferencia de los dos anteriores, no puede medirse u observarse, a no ser que se pregunte directamente a la persona o que sea esta la que lo verbalice, por lo que pertenece a lo que se denomina conducta encubierta o no observable directamente. De hecho, una de las cosas que Lang observó y que le hizo plantear su modelo tridimensional de la ansiedad, fue que la valoración subjetiva (componente cognitivo-experiencial) que daban los sujetos con ansiedad fóbica, no se correspondía con las medidas objetivas obtenidas de las reacciones emocionales (componente fisiológico), de ahí la importancia de valorar los tres sistemas conjuntamente.

Una vez expuestos, tanto la definición como los componentes de la emoción, no podemos olvidarnos de comentar cómo se clasifican las emociones. Sobre esta cuestión, tampoco existe un consenso, de hecho, nos encontramos con dos perspectivas bastantes diferenciadas: la biológica y que plantea un modelo discreto de las emociones, y la cognitiva, que plantea un modelo multidimensional.

Clasificación de las emociones

El modelo discreto plantea las emociones básicas y que serían innatas al desarrollarse de manera temprana en el individuo como mecanismo de supervivencia automático y funcional. Estas emociones estarían muy definidas y serian fácilmente identificables por la expresión facial.

Este modelo tiene su origen a partir de las ideas de Darwin (1874) y que planteaba que las expresiones faciales de algunas emociones son universales, así como innatas para la adaptación del individuo al medio, es decir, para facilitar su supervivencia, por lo que la función principal de estas funciones básicas, sería la de favorecer la comunicación social entre los individuos. Imaginar, por ejemplo, que queréis pedir un aumento salarial a vuestro jefe y justo cuando reunís el valor suficiente para hacerlo, le veis entrar en la oficina con cara de pocos amigos. ¿Seguiríais adelante? o ¿aplazaríais la petición para otra ocasión?

No todos los autores de esta perspectiva biologicista están de acuerdo con el número de emociones básicas planteadas, por lo que estas pueden oscilar entre 4 y 10, dependiendo del autor. Por ejemplo, Izard (1977) presenta una lista de 10 emociones básicas en base a tres dimensiones: dimensión positiva (interés, alegría), dimensión neutra (sorpresa) y dimensión negativa (angustia, ira, asco, desprecio, vergüenza, culpa y miedo). En el otro extremo, tendríamos a Trevarthen (1984) y que solo presenta cuatro emociones básicas: alegría, angustia, miedo y rabia.

En ese sentido, los diferentes estudios que se han realizado dan apoyo a esta universalidad de las emociones, aunque se matiza que las normas sociales de cada cultura pueden modificar, disimular o inhibir las expresiones faciales de las mismas. Por ejemplo, pensar en la cultura japonesa. Existen dos términos, el tatemae (comportamiento en público) y el honne (los sentimientos y deseos verdaderos). En ese sentido, el tatemae es el que ha de dominar la situación cuando las emociones son negativas, dado que existe la creencia de que transmiten una energía negativa y, por lo tanto, se deben evitar para no perjudicar a los demás.

Como dato curioso, en 1990 se analizó la actividad cerebral durante la experiencia emocional, mostrando un patrón diferencial en el que el hemisferio derecho de nuestro cerebro está más activo cuando experimentamos emociones negativas y el hemisferio izquierdo cuando las emociones son positivas, aunque no existe una evidencia experimental clara que apoye del todo este planteamiento.

Seguramente, muchos de vosotros os habréis planteado la idea de que existe un abanico más amplio de emociones, además de las básicas o primarias planteadas. Estáis en lo cierto, si tenemos en cuenta que a lo largo de nuestro desarrollo las situaciones son cada vez más complejas y variadas. Lógicamente junto a estas emociones primarias tenemos a las emociones complejas o secundarias y que aparecen cuando somos conscientes de nuestras emociones o como planteo Damasio (1994), “dependientes de procesos corticales”. Como ejemplo de emociones secundarias tenemos: los celos, los remordimientos o el orgullo. Estas emociones, a diferencia de las básicas, pueden no ser detectables a través de la expresión y su aparición estaría condicionada por un mayor número de estímulos o situaciones.

Dicho esto, hablaremos de la perspectiva cognitiva y que plantea el modelo dimensional de las emociones. Este modelo parte de la idea de que las personas tenemos más emociones de las que plantea el modelo biologicista (4-10).

Este modelo, a diferencia del anterior, da protagonismo a la cognición en la emoción, es decir, a la interpretación que hacemos de las situaciones, por lo que una misma situación puede dar lugar a diferentes emociones.  En este sentido, no serían las reacciones fisiológicas lo que diferenciarían las emociones, sino nuestra vivencia o experiencia emocional y la manera como la interpretamos. Volvamos de nuevo al ejemplo en el que queremos pedir un aumento de sueldo. Imaginar que vuestro jefe no sólo no os lo da, sino que además os hecha bronca por tener la osadía de hacer la propuesta. De esta situación se podrían dar diferentes interpretaciones y, por lo tanto, diferentes estados emocionales. Por ejemplo, miedo si pensáis que os puede echar o rabia y frustración si consideráis que lo que os dice es totalmente injusto.

Como una imagen vale más que mil palabras, os presento la ilustración de las emociones según el modelo dimensional y que actualmente pone de manifiesto la existencia de cuatro dimensiones emocionales bipolares: (1) agrado-desagrado, (2) nivel de activación alto-bajo, (3) afecto positivo activado-inactivado y (4) afecto negativo activado-inactivado.

La primera dimensión hace referencia a la valencia hedónica de las emociones, dado que tendemos a pensar en términos de oposición, es decir, si estamos contentos no estamos tristes.

La segunda dimensión estaría relacionada con la excitación y la actividad necesaria para experimentar la emoción, donde la diferencia de intensidad se manifestaría de manera implícita a través del lenguaje.

La tercera y cuarta dimensión (Watson y Tellegen, 1985) se añadieron a las dos primeras, planteadas por Russell (1980) en su modelo circular de las emociones y que pueden entenderse como estados emocionales transitorios o rasgos de personalidad. El afecto positivo se relacionaría con el estado hedónico agradable de las emociones y que puede ser bajo o alto, es decir “inactivado o activado”. Por descarte, el afecto negativo, estaría relacionado con un estado de las emociones desagradable.

Planteados estos dos modelos, no se trataría de establecer la idoneidad de uno sobre otro, más bien, su complementariedad, dado que, dentro de las dimensiones planteadas en el segundo modelo, pueden distinguirse las emociones básicas del primero.

LOLI J.

BIBLIOGRAFIA

Damasio, A. (2004). El error de Descartes. Barcelona: Crítica.

Darwin, C. (1984). La expresión de las emociones en los animales y en el hombre. Madrid: Alianza Editorial.

Izard, C.E. (1977). Human emotion. New York: Plenun.

Kleinginna, P.R. y Kleinginna, A.M. (1981). A categorized list of emotion definitions, with suggestions for a consensual definition. Motivation and Emotion, 5 (4), 345-379.

Lang, P.J. (1968). Fear reduction and fear behavior: Problems in treating a construct. En J.U.H. Shilen (Ed.), Research in psychotherapy, (Vol.3, pp. 90-102). Washington: American Psychological Association.

Pribram, K.H. (1980). The biology of emotions and other feeling. En R. Plutchik y H. Kellerman (Ed.), Emotions, theory research, and experience (Vol.1: Theories of emotion, pp. 245-269). Neu York: Academic Press.

Russell, J.A. (1980). A circumplex model of affect. Journal of Personality and Social Psychology, 39, 1161-1178.

Trevarthen, C. (1984). Emotions in infancy: regulators of contact and relationship with persons. En K.R. Scherer y P. Ekman (Ed.), Approaches to emotion (pp,129-157). New York: Erbaun.

Watson, D. y Tellegen, A. (1985). Toward a consensual structure of mood. Psychosocial Bulletin, 2, 219-235.

 

 

 

 

 

[i] SNA.- Sistema nervioso autónomo

[ii] SNS.- Sistema nervioso somático

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