RSS

30 AÑOS DE LA MATANZA EN EL HIPERCOR

19 Jun

LAS VÍCTIMAS MORTALES

Morales Ocaña, Rafael
Daza Cecilia, Teresa (Y el bebé que esperaba)
Vicente Manzanares, Jorge
Vicente Manzanares, Silvia
Marmol Cubillo, María del Carmen
Cabrerizo Mármol, Susana
Cabrerizo Mármol, Sonia
Salto Viñuelas, Luis Enrique
Eyre Diéguez, María Emilia
Amez Franco, Milagros
Martínez Domínguez, Matilde
Manzanares Servitja, Mercedes
Valero Sánchez, José
Ramírez Calanda, Luisa
Caparrós Ubierna, Felipe
Ortega Pérez, Consuelo
Moreno Moreno, Mercedes
Valldellou Mestre, María Rosa
Serrer Cervantes, Barbara
Dieguez Fernández, María Paz
Valls Bauza, Javier

Es la primera vez que el Ayuntamiento de Barcelona organiza un homenaje a las víctimas del atentado y un reconocimiento a las familias, que reivindican respeto, paz y memoria.

Este domingo el ayuntamiento ha conmemorado el 30 aniversario de la peor masacre cometida por ETA, celebrado a pocos metros del lugar donde se produjo la explosión que causó 21 + 1 muertos y 45 heridos.

Los familiares de las víctimas del atentado de Hipercor en Barcelona han sido este sábado protagonistas del emotivo acto. En un acto sin discursos oficiales, un grupo de bailarines y actores que, al son de las notas de un piano, han ejecutado una coreografía alegórica en la que la ausencia de las víctimas se ha hecho visible por la presencia de sillas vacías con objetos personales como unas gafas, un libro, una pelota, un reloj e incluso unos patucos y ropa de bebé. Había unos paneles con los nombres de las víctimas mortales, de todas las edades, entre ellos cuatro niños.

Con la presencia de la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau y otros miembros del consistorio barcelonés, el acto se ha llevado a cabo en el Parque de Can Dragó, en la Avenida Meridiana con la Avenida Río de Janeiro, junto al Memorial a las Víctimas del Atentado de Hipercor. Al finalizar el acto, Colau, visiblemente emocionada, ha dedicado un tiempo a escuchar y a hablar con los familiares de las víctimas, que le han agradecido que el foco se haya puesto en esta ocasión en las personas y no en los discursos de los políticos. Después han descubierto una placa en recuerdo, frente al Hipercor.

Alberto Güell, que perdió a su madre en el atentado cuando solo tenía 13 años, ha afirmado que “los familiares de las víctimas echaban de menos un acto así en el que los políticos se queden a un lado, en un segundo plano”. Quien más quien menos ha dejado claro que, pese a los años pasados, el recuerdo de lo que ocurrió aquel 19 de junio de 1987 todavía está muy vivo y que el dolor aflora cuando se echa la vista atrás.

LA MASACRE

FOTO XAVIER JUBIERRE AVUI

El atentado indiscriminado de Hipercor supuso un giro radical en la forma de actuar de ETA, ya que por primera vez todas sus víctimas eran civiles. 19 de junio de 1987. Un viernes los terroristas pusieron treinta kilos de amonal y cien litros de líquido inflamable (200 kg de gasolina, escamas de jabón y pegamento, una mezcla incendiaria con gran poder de deflagración, que alcanza los 3.000 ºC, se engancha a la piel, no se apaga con agua fácilmente y genera una gran cantidad de gases tóxicos. Estaba diseñado para matar gente sin dañar demasiado las estructuras. A las cuatro y diez de la tarde, estalló) en unos bidones escondidos en el maletero de un Ford Sierra robado, que estacionaron en la primera planta del aparcamiento de centro comercial Hipercor. Recuerdo ese momento especialmente. Mi madre y yo íbamos en un taxis cuando pasamos cerca del respiradero del parking del Hipercor. Empezaba a verse humo blanco. Nos extrañó y lo comentamos. No sabíamos que pasaba. Lo supimos aquella noche al llegar a casa y encender la tele. Cuando pasamos por delante del centro comercial acababa de producirse la explosión y todavía no habían llegados los primeros efectivos.

La explosión rovocó un socavón de 5 m de diámetro en el establecimiento comercial, por donde penetró una bola de fuego que prendió todo. Pocas víctimas murieron en el acto. Las 21 personas asesinadas fallecieron en su mayor parte en los hospitales, días después, víctimas de horribles quemaduras. Entre ellas, cuatro niñas menores de 15 años y doce mujeres. Quedaron malheridas 45 personas más, que sumaron meses de hospitalización cada una de ellas. Santi Potros lo ordenó. Rafael Caride, Domingo Troitiño y Josefa Ernaga lo ejecutaron.

Pocos días antes, Herri Batasuna había conseguido casi 40.000 votos en Catalunya en unas elecciones europeas. Una parte del nacionalismo catalán sentía una cierta fascinación por el mal llamado conflicto armado del País Vasco. Justificaban o al menos miraban con buenos ojos la «causa vasca». Después del 19 de junio de 1987 a aquella eufemística «causa vasca» se le empezó a llamar simplemente «terrorismo». Fue uno de los puntos de inflexión más importantes en la sanguinaria historia de ETA, tanto por la estrategia de la banda como por el rechazo social que propició.

Sin aspirar a una condena que jamás llegaría, Herri Batasuna sí expresó su «más enérgica crítica» por la masacre, un desmarque leve de ETA pero el más significativo hasta la época.

Multitudinaria manifestación de repulsa

Una de las pancartas más aplaudidas en la manifestación de repulsa que desbordó el paseo de Gràcia tres días después del crimen rezaba: ‘¿Cómo puede ser que haya 40.000 personas en Catalunya que votan a los asesinos de ETA?’ En las europeas de 1989, a HB solo le quedaban 15.427 apoyos catalanes.

Pero años después vuelve a haber una especial simpatía por ETA y partidos como BILDU, por parte de del gobierno catalán y muchos catalanes. ¡Qué rápido olvidan algunos! ¡Y qué difícil es ponerse en la piel de las víctimas y sus familias! Aquí en Catalunya, como en el resto de España, las víctimas son despreciadas, mientras se alaba a los asesinos y sus representantes políticos. El grupo de EH Bildu en el Parlamento de Navarra sigue sin querer condenar la masacre.

Los Reyes también han homenajeado a las víctimas

Los Reyes han rendido homenaje hoy lunes a las víctimas del atentado de la banda terrorista ETA en el Hipercor de Barcelona. “Treinta años del atentado de Hipercor. España con las víctimas del terrorismo y sus familias. Apoyo, solidaridad y recuerdo”, ha escrito la Casa del Rey en su cuenta oficial en esta red social.

Historias de dignidad en primera persona

Estas tres víctimas de Hipercor encararon el día después de forma distinta. Aquí recuerdan y explican qué ha sido de sus vidas.

JORDI MORALES DAZA

Tenía 7 años cuando murieron su madre, María Teresa Daza (embarazada), y su padre, Rafael Morales. Lucha para que se reconozca como tal al hijo que esperaba su madre, embarazada de tres meses, cuando fue asesinada. «Parece increíble, pero en el caso de un accidente de coche, a los hijos nonatos se les reconoce. Con las víctimas del terrorismo no sucede». El PP (el mismo que sostiene que “la vida empieza en el momento de la concepción”) no la reconoce como víctima.

AMPARO PINAZO GÓMEZ

Viuda de José Valero. Tenía dos hijos, de 10 y 8 años.      

ADELINA SOMOZA RODRÍGUEZ

ufrió quemaduras en el 44% del cuerpo. Seis operaciones. Sigue sin poder estirar una mano.

http://www.elperiodico.com/es/noticias/politica/tres-victimas-cuentan-historia-6108310

El abandono institucional

Aunque la policía actuó con negligencia (así quedó probado en el juicio), los asesinos tenían intención de matar (Por mucho que Arnaldo Otegi le dijera a Jordi Évole en un reciente ‘Salvados’ que “la intención no era matar”. Las bombas no hacen cosquillas precisamente.) Los pillaron. Ellos son los responsables de la matanza, ellos personalmente. Todas las víctimas eran catalanas, pero eso, en el fondo, no importa, no importa en absoluto.

El 10 de marzo de 2011 Ciutadans (C’s) presentó una declaración parlamentaria para apoyar a las víctimas del terrorismo. Pese a las diferencias, todos los diputados y todos los grupos parlamentarios la apoyaron, de manera unánime. Todos votaron a favor de la Declaración del Parlamento de Cataluña de apoyo a las víctimas del terrorismo. Pero dos años después ante una nueva declaración, muy parecida a la anterior, ERC, IC-V y la CUP se negaron a votar a favor. Luego, tanto CiU como el PSC se sumaron al no por no ser un voto unánime. Sólo votó a favor el PP. 28 diputados apoyaron la nueva declaración y 107 la rechazaron. ¿Tan difícil es condenar a los criminales y ponerse al lado de las víctimas? Es deplorable, pero cada vez más la respuesta es sí.

La palabra que les gustaría oír de los políticos es ‘perdón’.

Años de lucha para defender sus derechos

Los primeros días –y a poder ser ante las cámaras– las autoridades los bombardearon con sus “estamos-aquí-para-lo-que-necesitéis”. A los 174 días de la masacre, en diciembre de 1987, la revisión forense de los heridos graves determinó que estaban todos “curados”. Y a partir de ahí, que cada cual demostrara que sus trastornos futuros eran consecuencia del atentado. Nadie les llamó, nunca.

Por otra parte, quedan por localizar tres víctimas que aparecen en la sentencia de 1989 –Agustina Fita, María del Carmen Villaronga y Martín Franco–, y aún colean una decena de expedientes sin resolver. Dos ejemplos: 1/ el de Alberto Izquierdo, herido leve, localizado el 6 de junio del 2015 (hace solo dos años) en un albergue de Lloret en situación precaria. Interior lo reconoce, pero no lo indemniza. “Es que las víctimas salen de debajo de las piedras”, se justifican.

ÁNGELES GUARDIANES

La sensación de desamparo habría sido monumental de no ser por la formidable red de apoyo capitaneada por Robert Manrique, que tenía 24 años cuando pocas horas antes de la explosión le cambió el turno a un compañero en la carnicería del Hipercor de la avenida Meridiana de Barcelona. La explosión le provocó quemaduras en el 80 por ciento del cuerpo. «El tiempo no lo cura todo, pero aprendes a vivir», explica a este diario Manrique, infatigable en su tarea de localizar, asesorar y, cuando ha hecho falta, consolar a unas víctimas que durante muchos años se han sentido desamparadas. En la unidad de quemados del Hospital de Vall d’Hebrón ya pensó en los ‘otros’. Y al volver al trabajo, los ‘otros’ acudieron a él. La extensión 151, la de la carnicería de Hipercor, no paró de sonar. Era el único localizable.

Desde el primer momento, en el Col.legi d’Advocats de Barcelona Santiago Montaner y Juli de Miquel (en 1989 defenderían a las víctimas de Hipercor en el juicio penal), previendo que habría heridos jóvenes, pensionistas y gente en paro, se activaron y llamaron a la abogada laboralista Montserrat Fortuny para que se arremangara. A ella acudió Manrique en nombre de un puñado de afectados y, en 1992, se sumó la psicóloga forense Sara Bosch, cuyos informes agilizaron la tramitación de una veintena de incapacidades. Ambas profesionales junto a Manrique, son los “ángeles de la guarda” que no han fallado nunca, en opinión de la mayoría de víctimas.

Manrique, que durante años estuvo al frente de la AVT en Cataluña, y luego de la asociación catalana de víctimas Acvot -ahora dirigida por José Vargas-, se enerva cuando enumera las decenas de casos, algunos ganados, otros aún sin cerrar, que se han tenido que batallar en los juzgados. Relata por ejemplo el periplo judicial de Enrique Vicente y Núria Manzanares, que perdieron en el atentado a sus hijos Silvia y Jordi, de 12 y 9 años, y a la hermana de ella, Mercè. No han visto reconocida su condición de víctimas porque ellos no estaban en el lugar del atentado.

«Es frustrante», apunta Manrique, que sí reconoce que el apoyo y ayuda a las víctimas ha mejorado, pero que esta ha sido, y sigue siendo, una lucha que las asociaciones, y las víctimas a título individual, han tenido que batallar. Manrique recuerda, por ejemplo, como en 2014 presentó el listado de las 280 víctimas que contabilizaron en Cataluña ante la Dirección General de Apoyo a las Víctimas. «Les dije: estos son los nombres, ya los podéis localizar. Me felicitaron por el trabajo, pero su respuesta fue que si alguien quería algo tenía que solicitarlo, que ellos no harían nada por encontrarlos», denuncia Manrique.

A los problemas en el reconocimiento de las víctimas se suma el abandono institucional que estas han tenido históricamente, una falta que solo ahora, 30 años después, comienza a corregirse. Las administraciones se están volcando estos días en organizar actos en su homenaje después de que, durante años, los aniversarios del atentado de Hipercor de Barcelona casi se celebrasen de incógnito. «Cuando el Ayuntamiento nos reunió para preparar el homenaje, lo primero que hizo fue pedirnos perdón por 30 años sin hacer nada. Por algo se empieza», apunta Jordi Morales.

Responsabilidad institucional.

El 9 de octubre de 1989, día del juicio penal del ‘caso Hipercor’. El abogado Juli de Miquel, defensor de las víctimas, cuenta que “la autoría no ofrecía dudas” y que el imperativo era primero, “acreditar que, contrariamente a lo que se había dicho, no era ningún problema desalojar el edificio”, y segundo, que ante los tres avisos de ETA, “la policía debía haber prohibido el acceso y procedido al desalojo”. Esa operación, según el jefe de Bomberos, no habría llevado más de “10 minutos”, y confirma que los TEDAX no hicieron “ninguna comprobación”.

Con las pruebas, De Miquel y Montaner presentaron “la primera reclamación contra el Estado por incumplimiento de su deber de velar por la seguridad ciudadana“. El requerimiento hizo un largo viaje hasta el Supremo hasta que el 5 de abril de 1994 les dieron la razón. La sentencia admitía que las fuerzas de seguridad no adoptaron las medidas necesarias para evitar la masacre. “Solo entonces las víctimas pudieron cobrar indemnización”. ¡Seis años después!

En aquel juicio solo hubo tres víctimas presentes: José Vargas –actual presidente de la Associació Catalana de Victimes d’Organitzacions Terroristes (ACVOT)– en calidad de testigo, el propio Manrique y Álvaro Cabrerizo, que perdió en el atentado a su mujer, María del Carmen Mármol, y a sus dos hijas, Sonia y Susana, de 15 y 13 años, y que tras el entierro pidió cita con un psicólogo de la Seguridad Social y le dieron hora para 11 meses después.

Así ha funcionado el «aquí-estamos-para-lo-que-necesitéis».

La actitud por parte de la sociedad

Pero el vacío no solo es cosa de las instituciones. También es una disfunción social. Una damnificada le dijo a la psicóloga Bosch un día: “Mira, yo no esperaba nada de los etarras (hicieron mal su trabajo porque querían dejarme hecha una croqueta y sigo aquí, mal), pero de quien esperaba algo era del Estado, de la sociedad, de la familia”.

En 30 años las víctimas de Hipercor no han podido borrar de su cabeza la frase “algo habrá hecho” en boca de propios y ajenos. Tampoco que familiares no quisieran montar en su coche o tomar una cerveza en la misma mesa del bar. “El tiempo lo cura todo” que los bienintencionados les ofrecieron a modo de consuelo les sonaba a incomprensión.

Es la herida del rechazo que no cesa, del “ETA ya no mata, has cobrado, ¿qué más quieres?”, del “demuestra que tu depresión viene de aquello”, del “no queda suficientemente acreditada la secuela” que les llega por carta. Todo eso no encaja con la palabra “solidaridad”. Se sienten un cuerpo extraño.

Y algo parecido le ocurrió en el 2007 a Manrique, que cinco años después, libre de representación, fue a ver a Rafael Caride a la cárcel de Zaballa –Domingo Troitiño y Josefa Ernaga están en libertad desde el 2013 y el 2014, respectivamente, y a Caride le queda un año– a petición del etarra. El convicto le reconoció que había destrozado la vida de mucha gente, y así se lo comunicó a todos.

Aún hoy día hay gente que dice que antes de este terrible atentado ETA sólo mataba militares, policías y guardia civiles, como si eso fuera una nimiedad y esas personas merecieran que las mataran.

José Vargas

El actual presidente de la ACVOT considera que ha existido un «ninguneo» generalizado hacia las víctimas, que, defiende, sólo comenzaron a ser visibles «a partir del año 2003» cuando decidieron empezar a organizarse y a «alzar la voz».

Como ejemplo vigente, este superviviente del atentado de Hipercor recuerda que el mayor archivo sobre las víctimas catalanas de grupos terroristas se encuentra en un trastero que el propio Vargas paga y en el que los documentos se acumulan en cajas de cartón apiladas. El presidente de la ACVOT subraya que, pese a su insistencia, ninguna Administración le ha ofrecido un espacio para almacenar dignamente la sensible documentación.

José Vargas todavía relata con precisión cómo escapó con vida del atentado. estaba en el centro comercial barcelonés junto a su mujer y su hijo cuando detonaron los explosivos colocados por la banda terrorista y únicamente es incapaz de relatar cuánto tiempo les llevó huir y alcanzar la calle. El resto sigue en su memoria.

«Recuerdo mucho calor, mucho humo, mucha angustia y mucho sufrimiento. Pero no sufrimiento por las heridas que tenía, sino porque pensaba que me quedaba allí con mi mujer y mi hijo y que tenía otra hija que se había ido de excursión con el colegio y no encontraría a nadie cuando volviese a casa», relata José a escasos 500 metros del lugar, al pie del discreto monumento que recuerda a las víctimas del atentado.

«Aún puedo darle al play y relatar cuando se nos vino encima una lengua de fuego, cuando el techo y las estanterías se cayeron, cómo el suelo casi se hunde y las paredes se nos vinieron encima, cómo salimos gateando a oscuras agarrados a otra mujer que se había quemado. Pero no cúanto tiempo tardamos en llegar arriba, porque entonces me desvanecí. El instinto de supervivencia del ser humano es el que nos indujo a salir de allí». «No ha habido suficiente reconocimiento a las víctimas». «No lo ha habido en las instituciones catalanas. Y hasta hace no mucho tampoco por parte del Estado», concreta.

Cada 19 de junio siente «rabia e impotencia por lo que hicieron esos asesinos», pero sostiene que este año esos sentimientos se han visto «acrecentados» por la salida de prisión de etarras como Idoia López Riaño, La Tigresa, que el pasado martes abandonó la cárcel tras cumplir 23 de los 2.000 años de pena a los que fue condenada por matar a 23 personas.

«Es una patada en el trasero de las víctimas del terrorismo. Nos despierta mucha indignación que una terrorista tan miserable como ésta haya cumplido un año por cada uno de sus asesinatos», asevera Vargas. «Se están riendo no ya de las víctimas, sino de la propia sociedad, que es la verdadera víctima», considera el presidente de la ACVOT, quien se declara «incapaz de perdonar». No cree en la «redención» de los miembros de la banda terrorista ni en el supuesto desarme que viene escenificando: «Es un teatro, una parafernalia que han hecho para su gloria».

El héroe desconocido de Hipercor habla 30 años después: “Saqué cuatro cadáveres y a una embarazada”

http://www.elespanol.com/reportajes/20170609/222478213_0.html

Cinco historias de Hipercor

http://www.lavanguardia.com/politica/20120617/54312981791/cinco-historias-hipercor.html

Fuentes: elperiodico.com, luissoravilla.blogspot.com.es, abc.es

Montse M.

 

Anuncios
 
Deja un comentario

Publicado por en junio 19, 2017 en NOTICIAS

 

Etiquetas:

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

 
A %d blogueros les gusta esto: