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AMPARO POCH Y GASCÓN

16 Abr

Ayer se cumplieron 50 años de la muerte de Amparo Poch y Gascón, médica, luchadora antifranquista, defensora de las libertades y precursora del feminismo.

Desde muy niña supo que quería ser médico. Hija de un militar y una mujer religiosa en extremo, su familia no entendía que hablara públicamente en cafés, vistiera pantalones y corbata o escribiera en periódicos. La transgresión, frente a los comportamientos sociales opresores de su época, fue una de las claves personales de Amparo Poch, en la que estaba inmersa la lucha por la emancipación de la mujer.

Como su padre consideraba que la medicina no era carrera de mujer, la obligaron a estudiar magisterio. Amparo Poch ingresó en la Escuela Normal Superior de Maestros, de Zaragoza, en 1917 y en 1922 iniciaba el preparatorio en la Facultad de Medicina, en Zaragoza, la única mujer en el curso académico 1922-23, junto a 435 compañeros. Al curso siguiente ya eran cuatro las alumnas.

Obstinada dedicación social

Amparo Poch nació el 15 de octubre de 1902 en Zaragoza, en la calle Pignatelli. A los 12 años la familia se trasladó a la calle de la Misericordia, en el mismo barrio. A unos pasos estaba el Hospital de Nuestra Señora de Gracia, que atendía a indigentes, donde a diario contemplaba el dolor humano; La Real Casa de la Misericordia, el hospicio, donde las madres dejaban a sus hijos en el torno de la Caridad; y desde su casa-cuartel, vulgo Pontoneros destinada a los oficiales, veía salir a los soldados a «servir al Rey» en las guerras coloniales de África o en aquella época de agitación política y social, al ejército a reprimir a los obreros. En esa calle que reflejaba el azote del mundo a los más débiles, nació la obstinada dedicación social, hacia la causa de las clases humildes, desde el campo de la medicina y la pedagogía, que constituyó la dimensión real de su existencia.

Amparo Poch obtenía el Premio Extraordinario de licenciatura en el curso 1928-29. Los aspirantes fueron seis hombres y ella. La nueva doctora de Medicina y Cirugía, anunciaba el 13 de octubre en ‘La Voz de Aragón’ la apertura de un consultorio médico para mujeres y niños, con horario especial para obreras. Ella quería como médica, mitigar el dolor y el sufrimiento a las gentes que carecían de recursos económicos para sufragar atención médica, en un tiempo en que no existía asistencia sanitaria obligatoria. Y una mayoría de médicos se negaba a visitar a domicilio a enfermos sin solvencia, en hacinadas viviendas, sin la más elemental higiene y salubridad.

Labor pedagógica para educar a la mujer

Los conocimientos de Amparo Poch de medicina y sociología, le permitieron informar generosamente a la mujer obrera sobre temas esenciales, primeros pasos para su emancipación. En su empeño por desterrar su atraso e ignorancia, les inculcaba enseñanzas básicas a través de escritos, cursos y charlas, con un sentido pedagógico sobre maternidad, puericultura, sexualidad e higiene. Así como información general sobre las plagas de la época: sífilis, tuberculosis y alcoholismo. ‘La Cartilla de Consejos a las Madres’ aparece en Zaragoza, en 1931, y al año siguiente fechaba en su ciudad el estudio de ‘La vida sexual de la mujer’, donde denunciaba el «inmenso desierto» de resignación sustentado por la ignorancia, que para gran parte de las mujeres ha sido su propia sexualidad.

La férrea moral de la Iglesia

Amparo Poch consideraba que «la resignación es, casi siempre, en vez de virtud (según la Iglesia), un defecto de resultados desastrosos». Esa sociedad había impuesto, secularmente, la moral pública. Uno de sus principales dogmas sociales consistía en preservar la honra femenina hasta el matrimonio. En muchas ocasiones, cuando la virginidad femenina no estaba presente en el lecho de bodas, provocaba repudio por parte del marido e incluso el asesinato o el encierro en un convento de la recién casada.

La mujer tan discriminada, era la vestal del honor familiar, a costa de su represión sexual. Amparo Poch evoca en ‘La vida sexual de la mujer’ un hecho vivido en sus tiempos de prácticas universitarias, en el Hospital de Zaragoza, para ilustrar hasta qué punto la gente asociaba la ‘deshonra’ con la pérdida del himen: Una joven, víctima de una dolorosísima enfermedad de su aparato genital tuvo que ser operada y en la intervención perdió la virginidad. La muchacha aceptó que los médicos la hubiesen deshonrado a seguir sufriendo. Pero antes de abandonar el hospital pidió al cirujano un certificado que acreditara la causa de su deshonor.

Una labor divulgativa

Amparo Poch, desde muy joven se interesó por la teoría de la evolución del mundo científico, los descubrimientos o las sugestivas hipótesis, comprobadas por la investigación, que luego divulgaba en sus escritos. En 1933, en la revista valenciana ‘Estudios’, revelaba en un artículo, ‘El hombre ante la vida’, las aportaciones de los investigadores científicos, persuadida de que sus descubrimientos cambiarían el mundo. Hablaba de la importancia de la Biología que progresaba paralelamente a la Fisioquímica (Darwin); de que la vida era una manifestación de la radioactividad (Zwaardemaker); de cómo prolongarla (Metchnikoff); de su hermanamiento con la Química (Bohn); y de la posibilidad de prolongar la vida, en el tiempo, si se lograba rebajar un grado la temperatura de la sangre (Loeb).

Una revista que quería erradicar los tabúes sexuales

Amparo Poch prodigaba sus conferencias sobre estas materias en ateneos obreristas y en actos de propaganda, consciente de la necesidad de erradicar los tabúes, los miedos y el sentimiento de culpa, el pecado, que suponía a los ojos de la Iglesia gozar libremente de la sexualidad, supeditada a la procreación. Amparo Poch escribió el ‘Elogio al amor libre’, una de las descripciones más poéticas, lúcidas y apasionadas sobre el tema, en la revista ‘Mujeres Libres’, que fundara con Lucía Sánchez Saornil y Mercedes Comaposada, en Madrid en la primavera de 1936, donde había llegado en 1934, desde su Zaragoza natal. La célebre publicación pretendía preparar a la mujer intelectualmente, para que adquiriese conciencia de su condición, emancipándose de atavismos ancestrales. Amparo Poch inauguraba en la revista el epígrafe ‘Sanatorio de Optimismo’, bajo la rúbrica Doctora Salud Alegre, donde utilizaba su irónico sentido crítico, en clave de humor, con ilustraciones propias. Otro registro de Amparo Poch en esta publicación, fueron sus poemas inspirados por la lucha del pueblo contra el fascismo.

https://es.wikipedia.org/wiki/Mujeres_Libres

Su implicación en proyectos sociales

La vida de Amparo Poch estuvo marcada por un incansable altruismo en pro de las causas justas. En València, en 1936 fue directora de Asistencia Social, junto a la doctora Mercedes Maestre, y Federica Montseny como Ministra de Sanidad, cargo para el que estuvo propuesta la doctora Poch. El 26 de agosto de 1936, Amparo era nombrada, en representación del Partido Sindicalista, miembro de la Junta de Protección de Huérfanos de Defensores de la República, creada por el Ministerio de Instrucción Pública. En Barcelona, en 1937, dirigió el Casal de la Dona Treballadora, donde se capacitaba a la mujer obrera con un programa cultural, profesional y social. Bajo su dirección estuvieron cientos de niños refugiados de Madrid, en Granjas-Escuelas, con un programa pedagógico de su autoría. En plena guerra fue responsable directa de las expediciones de niños llevados fuera de nuestras fronteras, para alejarlos del hambre y de las bombas. Mercedes Comaposada señaló: «Lo más sorprendente de su personalidad fue siempre su capacidad de trabajo y esa espléndida generosidad que trascendía de su exuberante e infatigable naturaleza».

Su vida en el exilio

Su actuación humanitaria continuó en el exilio. A principios de 1939 entraba a Francia  por Prats de Molló, custodiando a un grupo de niños refugiados. En septiembre de 1939, al comenzar la segunda guerra mundial se trasladó a Nîmes, donde sobrevivió pintando pañuelos y bordando para unos grandes almacenes. Al mismo tiempo ejercía su profesión clandestinamente, para las gentes que solicitaban sus servicios, a riesgo de ser extraditada a la España de Franco, ya que estaba prohibido a los refugiados ejercer libremente sus profesiones.

Al acabar la segunda guerra mundial se trasladó a Toulouse, donde la orden del 6 de agosto de 1945, en su artículo 3, autorizaba a los médicos españoles a ejercer en el país de acogida. En el Hospital de Varsovia, de Toulouse, asiste a los guerrilleros españoles y en el dispensario de la Cruz Roja, de la rue Pergaminiêres, presta sus servicios como médica general y ginecóloga, sin abandonar sus colaboraciones en la prensa del exilio y en la pedagogía sanitaria, con la entrega que caracterizó su vida militante y altruista.

En la primavera de 1961, Marie Laffranque, profesora universitaria en Toulouse, prestigiosa hispanista y principal ‘lorquista’ (estudiosa de Federico García Lorca), del grupo Nosotros, de acción no violenta frente a la guerra  de Argelia, se puso en contacto con Amparo Poch. Estaban organizando el envío de personal sanitario, de Francia a Argelia, destinado a atender a la desasistida población nativa, y muy particularmente al barrio más humilde de la ciudad de Argel: La kasba, y le pedía a la médica aragonesa su colaboración. Amparo Poch le respondió en el acto que estaba dispuesta a unirse al equipo que iba a prestar servicio a Argelia. Pero la firma de la paz con Francia, anuló el compromiso de Amparo.

A finales de1967, al caer enferma, la llamada ‘Ángel de la Guarda de los refugiados españoles’, ausente de su Zaragoza natal desde su exilio, quiso volver a su tierra, pero sus hermanas, ultracatólicas, le prohibieron su regreso dada su vida de mujer libre, alejada de la Iglesia (la verdad, a mi entender las que estaban más alejadas del cristianismo eran sus hermanas y no Amparo, que dedicó su vida a asistir al prójimo). Amparo Poch falleció en Toulouse, el 15 de abril de 1968, asistida por sus compañeros de exilio a quienes legó sus pertenencias. 

El Institut Català de les Dones, prepara un homenaje a los 50 años de su fallecimiento. 

http://dones.gencat.cat/ca/ambits/sensibilitzacio/commemoracions-2018/commemoracio-dels-cinquanta-anys-de-la-mort-damparo-poch-y-gascon/

Amparo Poch junto a otras valientes mujeres, fue la que plantó las primeras semillas para la emancipación de la mujer, una ardua labor que les debemos todas nosotras. El franquismo las condenó al olvido, pero ahora es el momento de que sus vidas y sus luchas salgan a la luz.

Fuente:

Artículo escrito en el periódico de Catalunya por Antonia Rodrigo, autora de la biografía de Amparo Poch y Gascón

https://www.elperiodico.com/es/mas-periodico/20180414/amparo-poch-gascon-doctora-libre-6750793

Montse M.

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2 comentarios

Publicado por en abril 16, 2018 en MUJERES EN LA HISTORIA

 

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